Adonay (La Señora)

Este es el nombre de Dios asignado a la sefirá 10 Maljut; de esta forma llaman a Dios los judíos cuando pronuncian su nombre en las oraciones, porque es como “Adonay” como se percibe a Dios desde esta sefirá 10 Maljut, el mundo físico en el que vivimos, y es desde aquí de donde sale la oración.


Así que se escribe YHVH pero se dice Adonay. Y eso será así hasta el Final de los tiempos, cuando YHVH podrá ser nombrado por su nombre auténtico, según nos explica el Zóhar.


Por eso las oraciones del día comienzan pronunciando este nombre divino con cada bendición que se pide para la jornada: Baruj ata Adonay (Bendito seas Señor) es el comienzo de todas ellas.


La palabra “Ata” (letra 1 Alef - letra 22 Tav - letra 5 Hé) – extraída de la primera frase del Génesis bíblico: “Al principio Dios creó los Cielos y la Tierra” - se usa como conector en todas las bendiciones hebreas.



Es una palabra que protege a aquel que la pronuncia:


1) porque AT ( letra 1 Alef - letra 22 Tav) representa las 22 letras del alfabeto hebreo (3 elementos primarios, 7 planetas y 12 signos del Zodíaco);


2) y la letra 5 Hé es el mundo físico, el polo negativo que atrae la entrada de energía a través de ese cable.


Alef-Tav (AT) actúa como enlace entre el mundo espiritual y el físico. Igual que los planetas de la astrología como luego veremos. Y la letra 5 Hé final representa el recipiente físico que recoge las energías que llegan de Arriba.


Por eso, el uso del nombre Adonay, la pronunciación de este nombre, produce el efecto de preparar nuestro cuerpo o recipiente (Kli) para la recepción de bendiciones a lo largo del día. Sin esta frase, el mecanismo no se activa, así que las oraciones caerán en saco roto porque el recipiente para su recogida no está actuando como receptor adecuado, no ha emitido la señal necesaria para la recepción de energías.


Aunque para entender este mecanismo será preciso, antes, conocer como funciona la dimensión espiritual recién formada, la cual resulta de la interacción entre la sefirá 1 Keter y la sefirá 10 Maljut, las 2 primeras sefirot creadas.


En los mundos primigenios, en los tiempos de su formación física, al principio, cuando sólo existían la sefirá 1 Keter y la sefirá 10 Maljut, no existía todavía el Bien y el Mal. Sólo había Luz Arriba y oscuridad abajo. Dios es la Luz que vivifica los mundos, la energía en estado puro. Pero esta energía no se puso en marcha hasta que la sefirá 10 Maljut, el polo negativo, fue creado generando así, por la atracción de cargas opuestas, el nacimiento del alma.


El alma es el flujo eléctrico que se genera ante la interacción de estos polos opuestos en el universo: la sefirá 1 Kéter (+) y la sefirá 10 Maljut (-). El alma circula entre ambas sefirot, igual que la corriente eléctrica circula entre un punto con carga positiva y otro con carga negativa.



Lo que deja al descubierto otro de los grandes secretos de la Kabalá: la necesidad de existencia del mundo físico como soporte que mantiene los mundos espirituales, ya que sin este polo negativo en el extremo inferior del Árbol de la Vida (Maljut) el polo positivo (sefirá 1 Keter) no podría activarse ni ponerse en marcha, ni generar la corriente eléctrica que circula entre ambos.


De ahí que, en Kabalá, las bendiciones siempre se canalicen a través de objetos físicos, tales como alimentos, bebidas o velas.


En estos soportes se recibe la energía divina o bendiciones canalizada a través de las oraciones y las meditaciones.





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