Ehieh (Alef-hé-yud-hé) Yo Soy


El nombre de Dios asignado a la sefirá 1 Keter es EHIEH, el nombre que Dios le dio a Moshé en la Zarza ardiente en Éxodo 3:14 (Ehieh asher Ehieh, traducido como Yo Soy el Que Soy). Es el nombre más alto de nuestro Universo y como la sefirá a la que se asigna, la primera, su concepto real está velado para nosotros.

Ehieh (Alef (1) (5) Yud (10) (5)) tiene un valor guemátrico de 21. Y como fue repetido 2 veces, porque Él dijo “Ehieh asher Ehieh”, obtenemos el número 42 (21+21=42) que son las letras del Ana Becoaj, la oración más poderosa del pueblo judío.


Sin embargo, Dios advirtió a Moshé de sólo dar el nombre completo a aquel que “se descalce”, esto es, al que salga de su cuerpo – que es el zapato -; en definitiva, a aquel que conozca el mundo invisible o haya sido iniciado en los saberes ocultos. El resto, esto es, el pueblo en general, sólo podrá conocer el segundo, Ehieh, pero no el 1º, porque ellos no se han descalzado.


El primer Ehieh es la semilla, que se planta en el mundo espiritual. Los que viven al margen del mundo espiritual no pueden sembrar, así que se limitan a recoger lo que siembran otros al margen de su voluntad o intervención. Para plantar la semilla que elegimos, y no la que nos marca el destino, es necesario meditar; a través de la meditación accedemos a los mundos superiores y plantamos, con los nombres de Dios apropiados, la semilla que queremos ver crecer.


Asher es el Verbo, la Palabra, las letras hebreas que conectan los 2 mundos. Veamos que dice San Juan sobre el Verbo en Juan 1:


1 En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.

2 Este era en el principio con Dios.

3 Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.

4 En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.

14 Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.

15 Juan dio testimonio de él, y clamó diciendo: Este es de quien yo decía: El que viene después de mí, es antes de mí; porque era primero que yo.

16 Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia.

17 Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.

18 A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.


El 2º Ehieh es la capacidad de engendrar. Al pronunciarlo por 2ª vez, se planta en el mundo físico el evento que escogimos en la meditación, se crea. Así que visualizas, plantas y creas, según explica el Maestro Gozlan en sus cursos de Zóhar. Así lo hace Dios. Así deberíamos saber hacer nosotros. Porque, como veremos, estamos hechos a su imagen.


Sin embargo, se prohibió a los Patriarcas que este conocimiento fuera explicado al hombre no iniciado, por el peligro que fuera aplicado de forma inadecuada. Con este conocimiento, realmente se pueden crear eventos y modificar las circunstancias del mundo físico; y un poder tan descomunal, la capacidad de hacer milagros y alterar las leyes del mundo físico, solo se puede poner en manos de quien haya pasado el debido proceso de iniciación en estos saberes.


Aunque después de la encarnación del Mashiaj solo a Yeshúa corresponde la unión de los 2 mundos, ya que Él es el Verbo o punto de unión entre los mundos físicos y los espirituales, lo cierto es que tanto Él como Dios se valen de las fuerzas de la creación para intervenir en la Tierra y los nombres de Dios de la Kabalá no son más que eso, las herramientas adecuadas para que, también nosotros, podamos percibir el mundo dual.


Hay otro secreto oculto en la guematría de este Alto nombre, Ehieh (21). Y es que esta cifra elevada al cuadrado da 441 (21*21=441), el valor guemátrico de la palabra EMET (Alef (1) Mem (40) Tav (400)=441) que significa VERDAD.


Dice el Salmo 145: “Dios está cerca de todo aquel que le invoca en verdad”: Así que la Verdad se forma usando 2 veces este Alto nombre. Porque es con este nombre – usado 2 veces - con el que invocamos a Dios “en verdad”.


De ahí la potencia del Ana Becoaj, que encierra este nombre doble en su cifra 42, compuesta por el Rabí Nehunia Ben HaKanná en el s. I, y considerada la oración más poderosa del pueblo judío, debido a su poder extraordinario para crear materia y eventos.

Esta oración contiene 42 palabras que representan las 42 letras con las que se desarrolló el proceso creativo y que, al ser empleadas, nos llevan de nuevo a la energía original de los primeros días de la creación.


Dios grabó en nuestra alma esta secuencia de 42 letras; en estas 42 letras se manifiesta el poder creador de Dios y, también, el nuestro. Por eso el Ana Becoaj hace que nuestro deseo del alma pase al cuerpo y se materialice en evento. Y esto se consigue a través de la oración y de la meditación de sus letras y los nombres de Dios en ella ocultos.


Si no hay conexión con el mundo espiritual, no se puede plantar ninguna semilla. El humano que vive sin espíritu no puede engendrar nada. Porque el Verbo solo puede actuar ligado con el mundo espiritual, solo de esa manera podemos controlar los eventos que se generan en el mundo físico, que tienen su origen, su causa, en el mundo superior. Con el Ana Becoaj los sentimientos del alma se plasman en eventos físicos; el pensamiento se convierte en hecho. Unimos los 2 mundos, igual que hizo – y sigue haciendo -Jesús, en su papel universal.

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