El Agua y el Fuego, los 2 opuestos


Continuando con el post anterior que hablaba del Fuego - el tercer Elemento - recordamos que en el Sefer Yetzirá, la letra Shin - El Fuego - conforma el lado izquierdo del Árbol de la Vida, frente al Agua, de la que se forma el lado derecho.


Existen muchas diferencias entre los 2 elementos básicos y opuestos que delimitan nuestra creación: así como el agua fluye y baja de forma natural y siempre busca el camino para seguir bajando (de ahí su preocupación por los más débiles) el fuego tiende a subir, y hace que el aire que encuentra en su camino, ascienda con él. Pero no permite que el aire descienda, porque el aire caliente sube por condición propia. Igual que el aire frío baja.


El problema del Fuego es que se eleva, pero no puede bajar; por eso no envía sustento espiritual a las órdenes inferiores: porque el Fuego sólo puede subir, no se ocupa de los inferiores. Es la columna del ascenso espiritual, la que exige concentración y esfuerzo, la del lado izquierdo del Árbol de la Vida que es la raíz de la Justicia. Uno asciende, sí. Pero a la vez que sube, se olvida de los de abajo, de los que solo se acuerda la columna derecha. De ahí la necesidad de ambas energías en el Universo, el Agua y el Fuego, que se complementan, la primera como sustento de la Tierra y de los inferiores y el segundo, como alimento para los mundos superiores que, de no ser por el Fuego, desaparecerían también.


El Fuego exige concentración y esfuerzo, poner energía en ello, pide “focalización” en un punto, “restricción” a lo que es CORRECTO, descartando lo que es inútil para un trabajo concreto. Es, por ello, que en este lado se encuentra todo lo que exige esfuerzo y, por lo que, el lado izquierdo del Árbol de la Vida se considera la fuente de todas las restricciones; sin embargo, de él vive el mundo espiritual, porque en los mundos espirituales sólo viven los JUSTOS y aquel que no alcanza este grado, no podrá entrar, porque en los Cielos, en los mundos de Arriba, gobierna LA JUSTICIA. Aunque para saber lo que es JUSTO es preciso estudiar TORÁ.

"La Justicia" en Kabalá es sinónimo de Doctrina Secreta, refiriéndose a los saberes esotéricos, porque es en ellos donde se encuentra la Verdad y la Justicia de los Mundos Superiores. "La Justicia" es, en Kabalá, la ley oculta, lo esotérico.


Así que “el Justo” es el iniciado en estos saberes (Yosef el Tzadik, José el Justo, es también el Patriarca que consigue conectar a Israel con el mundo invisible cuando vivían en Egipto. Este patriarca, iniciado en los saberes ocultos - se vincula a la sefirá 9 Yesod - La Luna - el paso previo a la sefirá 10 Maljut, donde la realidad sucede).



El Fuego se diferencia del Agua en que, así como ésta es genérica - igual que la lluvia, que cae sin distinción sobre todos - el Fuego, en cambio, se propaga por focos, se “focaliza” en puntos concretos. El Agua envuelve, disuelve diferencias y une; a la vez que te hace sentir nada por aquello que no amas. En cambio, el Fuego concentra, define formas, apasiona y.... también separa; a la vez que crea. Porque es en el Elemento 3 Fuego donde radica la diversidad del mundo que habitamos.


Si sólo existiera Agua, el mundo desaparecería por disolución en lo semejante. Todo sería uno. Así que, ambos elementos – Agua y Fuego - son necesarios para que el mundo exista.


El Elemento 2 Agua representa el principio de la materia; se aloja en la columna derecha del Árbol de la Vida. El Elemento 3 Fuego, en cambio, representa el principio de la energía, que se genera en esta columna izquierda que aloja el mundo de la partícula. Ambos, unidos en la formula universal de Einstein: E=m*c2, siendo c la velocidad de la Luz, la máxima velocidad permitida en nuestro sistema.

Shem: letra Shin y letra Men sofit

Las letras que representan ambos elementos - la letra 13 Mem (Agua) y la letra 21 Shin (Fuego) - forman la palabra Shem (nombre), concepto de gran importancia para la Kabalá.


Porque con los nombres de las cosas y las personas captamos su esencia espiritual; por eso el nombre de una persona juega un papel tan importante en la definición de su carácter. Con los nombres de Dios, en cambio, conseguimos el tránsito entre los distintos estados de conciencia; de ahí su uso en las meditaciones.


El Midrash establece que “el Agua concibió y dio nacimiento a la Oscuridad; el Fuego concibió y dio nacimiento a la Luz; el Aliento (Aire) concibió y da nacimiento a la Sabiduría.”


En palabras más actuales:

1) el Agua concibe el mundo emocional o de la onda, del que se forma la materia;


2) el Fuego concibe el mundo mental, el Pensamiento, que actúa como energía que incita al movimiento y a la acción y, lo más importante, define la onda y la convierte en partícula; y


3) el Aire, que concibe el Alma o corriente que se mueve por el Árbol de la Vida, la cual, además de unir el mundo de abajo con el de Arriba, debe encontrar el equilibrio entre la mente y las emociones del ser humano.

 

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