El Árbol de la Vida

Actualizado: 16 de may de 2019

El árbol de la vida es la Torá, un árbol alto y majestuoso. Ella se llama Torá porque nos instruye y nos revela lo que estaba oculto y nos era desconocido. A ella se le llama “vida” porque toda la vida superior está incluida en ella y se origina de ella. Dr. Michael Laitman.


El Árbol de la Vida hebreo, con los nombres transliterados de las sefirot o esferas


Como explica el Sefer Yetzirá , el Árbol de la Vida es el holograma patrón del universo y de todo lo creado. Este Árbol se compone de 3 Elementos base, que son los 3 libros (sefer) con los que Dios creó el mundo:

  1. Texto (Sefer): las letras hebreas o 22 cualidades o atributos de Dios. De ellas se formará el espacio.

  2. Número (Sefar), las Sefirot, que simbolizan la cantidad, porque la cantidad se expresa con números. Con ellos se definió el tiempo (“el Año”).

  3. y comunicación (Sippur) o narración, la forma de usar las letras y los números, de combinarlos, la relación entre ellos. Esta corriente que se genera al unir letras y números es lo que se conoce como el Alma o Espíritu, y definirá la dimensión espiritual.

Con estos 3 Libros se formó un continuo de 5 dimensiones, definidas a partir de las 10 Sefirot: 3 dimensiones espaciales, 1 temporal y 1 espiritual. Es a partir de las 10 sefirot como se definen las 5 dimensiones que conforman el mundo que habitamos. Porque nuestro mundo completo engloba 5 dimensiones, aunque desde aquí sólo percibimos 4 de ellas.


El primer elemento que compone el árbol son las letras hebreas, que conoceremos más adelante. El Segundo elemento que conforma el mundo, el número, las sefirot o esferas que componen el Árbol de la Vida, son las Salas en las que se organizan los mundos superiores. El tercer elemento, son las relaciones que se forman entre ellos.


Cada sefirá se empareja con su opuesta y, al hacerlo, genera una dimensión específica. Así hasta 5 veces, conformando las 5 dimensiones de nuestro mundo. Por eso el Sefer Yetzitá dice que las 10 energías primarias son 5 opuestas a otras 5 (25).


Estas 5 dimensiones se expresan en los 32 Senderos de Sabiduría. En efecto, el número 32 es la quinta potencia de 2 (25), esto es, 5 dimensiones. En estos 32 senderos se define cada uno de los aspectos de la creación, se forma la realidad, el mundo en el que vivimos, con 5 dimensiones: 3 espaciales, 1 temporal y 1 espiritual, o lo que es lo mismo, 3 dimensiones físicas o visibles y 2 dimensiones invisibles, pero tan reales como las primeras: (3) y (2), (32) senderos de Sabiduría.


Los 32 (25) senderos son el numero de vértices de un hipercubo pentadimensional. Si damos la vuelta al 32, obtendremos el 23, número que siempre ha fascinado a la ciencia. Así, por ejemplo, extraído de un artículo que aborda el tema, aunque de forma crítica,[https://eduardocasas.blogspot.com.es/2010/09/la-cifra-divina-el-numero-de-dios.html], algunas apariciones en la Ciencia de este número mágico, es que los padres contribuyen cada uno con 23 cromosomas al ADN de sus hijos, es el cromosoma 23 es el que determina el sexo y la hélice de ADN da un giro completo cada 23 angstrons. La sangre tarda 23 segundos en circular alrededor del cuerpo. También son 23 son los axiomas de la geometría de Euclídes.


En el cuerpo humano, estos 32 senderos tienen su paralelo en los 31 nervios que parten de la médula espinal más el 32 que se corresponde con los nervios craneales, un total de 12. Igual que los nervios, cada sendero tiene 2 direcciones: a través de ellos baja la Luz de los mundos superiores, a la vez que es el camino del hombre para acercarse a ellos.


La palabra “corazón” (Lev) también vale 32 - la lamet (30) y la bet (2) -. El corazón es el vínculo entre la mente y el cuerpo llamado, por eso, en el Sefer Yetzirá, “Rey del Alma”. Igual que la Torá, que empieza por la bet y termina por la lamed, es el corazón de nuestro mundo, porque en ella se contiene los 32 senderos.


El corazón, la Torá, los 32 senderos son, todos ellos, el vínculo o conexión entre los 2 mundos, el mundo espiritual o mundo de Arriba y el mundo de abajo o mundo físico; todos ellos (corazón-Torá-32 senderos) participan de una doble naturaleza espiritual y corporal. El corazón reina sobre la dimensión espiritual y en ella se viaja mediante el fuego. Y es el corazón el que debe reinar, también sobre el cuerpo, el mundo físico, el mundo de abajo. Igual que la Torá y los 32 senderos deben gobernar sobre la vida en la Tierra.


Estos senderos son místicos, esto es, están ocultos en la vida normal. Pero para el que se inicia son 32 senderos de sabiduría, 32 estados subjetivos que el ser humano puede alcanzar en esta Tierra; son 32 estados de conciencia que se elevan sobre el estado normal, de completa ceguera a las dimensiones superiores.


La Kabalá entrena a la mente para poder llegar a percibir todas las direcciones del Infinito. Porque las concepciones usuales de espacio y su expansión no son tan simples como a priori pudiera parecer. A base de entrenamiento, el hombre aprende a subir por el Árbol y a conocer sus distintas esferas para comenzar su elevación.


Cuando el ser humano está en la Tierra, se sitúa en la última sefirá del Árbol de la Vida, llamada Maljut, donde se desarrolla el Mundo Físico. Esta es la única sefirá femenina o receptora. Es el recipiente que recibe la energía que procede de los mundos de Arriba.



MALJUT, el Mundo Físico

Desde aquí, no percibimos nada, estamos ciegos a los mundos de Arriba. Es preciso estudiar kabalá para poder llegar a captar estos otros niveles de conciencia que conforman nuestro mundo, pero no percibimos en la vida normal.


Entender la esencia, disposición y estructura general del Árbol de la Vida es clave, porque solo sabiendo situar cada energía en su nivel podremos ordenar el mundo y nuestra vida. Porque todo lo que existe y se crea cada día lo hace siempre siguiendo la huella que señala este plano básico, haciendo uso de estas 10 energías primordiales que se definen en el árbol sefirótico. Y nosotros, sin saberlo, lo hacemos también, aunque a ciegas. Más bien lo hacen por nosotros las estrellas, dado que es el mundo astral el mundo intermedio, con su karma particular.



ZA (Zeir Anpin) - Mundos Intermedios - Sistema astral


El karma astral se define antes de bajar al planeta a vivir un nuevo tiempo de vida. Y siempre busca un objetivo, que es el aprendizaje del alma en determinadas experiencias que nos tocará lidiar. Este es el karma vital, el que se define de acuerdo a nuestro karma de vidas pasadas y objetivos para el tiempo de vida actual. Pero además de este karma vital, nosotros generamos nuevo karma cada día con nuestras acciones, buenas o malas, y nuestras palabras y comportamientos.


La única posibilidad que existe en la Tierra de superar los malos designios astrales, que nos atañen, bien por incorrecciones de vidas pasadas, bien por errores en la vida actual, es a través de la Kabalá, porque a través de ella se puede acceder a los mundos superiores, los 3 que encabezan el Árbol de la Vida y de donde proceden todas las bendiciones.



Mundos Superiores - Atzilut y Biná - Nivel Espiritual


Las técnicas kabalísiticas y los estudios de este saber, pemiten conocer cómo son estos mundos y cómo afectan a nuestras vidas en Maljut, un mero recipiente que sólo recoge lo que procede de Arriba.


Profundizaremos en eso en próximo post de kabalá, relativo a los 2 Mundos, el visible - Maljut - y el que no se ve - el resto - y cómo se interrelacionan uno y otro.

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