El estudio de la kabalá


camino blanco, limpio, con ligero ascenso, terminando en un nuevo grado, del que todo desconocemos hasta que nos adentramos en el nuevo estado que trae cada fase
El camino que se recorre con el estudio de la kabalá

Llevo meses sin escribir, por razones diversas y porque el propio estudio de la kabalá provoca, de forma natural, ascensos y descensos, momentos de luz y momentos de oscuridad, de empujar y, luego, parar; para, después, empujar otra vez, con más fuerza todavía.


El mundo está construido de esta manera, con esta alternancia correcta entre estados negativos y estados positivos, absolutamente necesarios para corregir el alma que, si baja a la Tierra, es para hacer su trabajo: el primero, corregirse a sí mismo; el segundo, contribuir con su esfuerzo y colaboración a la corrección de la sociedad completa. Cada uno según sus cualidades y aptitudes, sus capacidades y su singularidad; que todos somos distintos, igual que son diferentes nuestros roles en el universo.


Es el camino que describe la Torá, la guía para poder entender las fuerzas de la creación y conocer a Dios, el rey del universo y atender Sus propósitos que, en realidad, son los nuestros; aunque, eso sí, en versión corregida. La Torá nos enseña a eso.


El estudio de la kabalá tiene, en mi experiencia, dos fases muy diferenciadas: la primera, que es eminentemente intelectual, empieza cuando uno tiene sus primeros contactos con esta ciencia. En ella, se desarrolla el asombro o maravilla ante Dios y Su creación. En ella, se comienza a atisbar la forma en que ésta se llevó a cabo, su proceso gradual, la división en partes del kli general y los distintos estadios por los que ha pasado la humanidad hasta su concreción en la realidad actual; la que vivimos ahora y que es el fruto que lleva gestando la humanidad, generación tras generación, desde la creación de Adam. Hoy somos, ya, casi, 8.000 millones los habitantes del planeta, tantos como son la disparidad de deseos y de grados pendientes de corrección en la humanidad.


En la primera fase, uno comienza a percibir la grandeza de Dios, Su bondad inmensa y Su santidad, hasta el punto de adquirir la certeza de Su existencia y de Su gobierno sobre la Tierra, no existe nada más que Él. Uno empieza a captar, si bien todavía de forma borrosa, el propósito de la creación y el papel de los seres creados y del ser humano en esta Tierra. También oye hablar del Plan divino de desarrollo, previsto para que la creación se complete en la forma perfecta, así como de los distintos estadios por los que tuvo/tiene que pasar la humanidad - y cada ser humano en particular -antes de alcanzar la corrección final donde la creación se culminará.


Pero hay una segunda fase, que es el inicio del sendero espiritual, cuando uno comienza el ascenso personal a los mundos superiores y empieza a entender el sentido profundo y práctico de todo este conocimiento y nuestra necesidad de aplicarlo en la vida diaria, de comenzar nuestra corrección real; deber que incumbe, en estos momentos, a toda la humanidad.


Este proceso o sendero espiritual se va desplegando de forma paulatina y gradual, como no puede ser de otra forma, porque para captar la luz Superior, uno necesita, primero, desprenderse - poco a poco - de cada una de sus clipot o cáscarás que le impiden recibir, dentro de si, la Luz del Creador. En definitiva, uno tiene que preparar sus kelim o recipientes para poder recibir el entendimiento o luz Superior.


El trabajo espiritual es un trabajo de corrección personal, de depuración o limpieza gradual de nuestros recipientes con el que vamos sustituyendo - con la ayuda del Creador y a través de la plegaria - los kelim de recepción con los que venimos al nacer por kelim de otorgamiento, propios de la naturaleza Superior. Al adquirir estas nuevas cualidades, más elevadas, nos vamos cada vez asemejando más al Creador, por el principio de equivalencia de forma que rige en el mundo espiritual. Sólo de esa forma podremos llegar a revelar la Luz o Fuerza superior de la que hablan los kabalistas y que describe la Torá.


Sin este trabajo de corrección, resulta inútil cualquier esfuerzo para el entendimiento intelectual de la kabalá, vía la razón, porque los mundos espirituales, donde uno sólo puede percibir aquello con lo que se asemeja, se rigen por la fe, que se despliega por encima de lo razonable o acorde al sentido humano. Porque para percibir a Dios en sus formas más altas, hay que alcanzar, primero, ese grado de avance o altura en nuestra vida personal.


De ahí la ventaja del pueblo judío para el entendimiento de la Torá, dado el cumplimiento habitual o por costumbre de Sus mandamientos o mizvot, lo que simplifica enormemente la comprensión interna de ciertos conceptos kabalísticos que, para un occidental europeo o americano, resultan opuestos a su percepción habitual de las cosas, de la sociedad y del mundo, en general. El mundo material, tan occidental, es precisamente el opuesto al mundo espiritual.


Hay un libro que recomiendo leer para iniciar el proceso, ya que permite entender el mecanismo general de ascenso de grados en la kabalá. El libro es de Baruj Ashlag "Alcanzando los mundos Superiores", editado por Laitman ordenando los escritos de su Rav. Incorporo aquí el enlace para su descarga gratuita en pdf, a través de la web de Bnei Baruj

Este libro describe, de una forma emocional y de relativa fácil comprensión para lectores no iniciados en kabalá, cómo se siente - cuando se alcanza - el recorrido por cada grado espiritual; las subidas y bajadas, las luces y las oscuridades, la noche y el día, esas oscilaciones propias del proceso de corrección espiritual en sí mismo. Describe cómo opera el sistema general previsto en la creación para la corrección paulatina de nuestros deseos egoístas por deseos altruistas, lo cual es el objeto de la kabalá como sistema y el propósito de la vida del ser humano.


El libro ayuda a situarse en el principio del sendero y a atisbar cual es el objetivo de todo el proceso y sus principios generales, de los que se parte y que son grandes verdades espirituales que se van revelando según uno va atravesando los distintos grados.


No obstante, la simple lectura del libro no permite completar el camino espiritual. Porque se enfoca en el trabajo individual o interior de cada ser humano consigo mismo y con Dios. Es válido para una primera fase, la inicial, para ponernos en marcha. Pero el resto del trabajo, debe ser completado trabajando con los demás, integrados en grupos - decenas - y en la sociedad.

Por mi parte, he comenzado mi trabajo escuchando las clases diarias que imparte Bnei Baruj, academia mundial de kabalá fundada por el Dr. Michael Laitman para mantener el saber recibido de su maestro, el Rav Baruj Ashlah (el Rabash), hijo del gran Rav Yehuda Ashlag (Baal HaSulam).


Porque la kabalá debe ser estudiada, en la medida de lo posible, de las fuentes más altas y de aquellos que han completado el sendero espiritual, ya que sólo ellos pueden describir los mundos de Allá.

Por eso conviene leer a Baal HaSulam, el mayor kabalista del siglo XX y uno de los pocos seres humanos, además del propio Rabi Simón Bar Yorjai (autor del Zóhar), que pudo recorrer los 125 grados que tiene el sendero espiritual. Sólo alcanzando ese nivel espiritual pudo descodificar el Zóhar - en su extensa obra de comentarios al mismo - ya que, en los mundos espirituales, la comprensión o entendimiento va unida al alcance, o grado de desarrollo del alma particular.


Sólo alguien que pueda subir a este nivel espiritual podrá explicar lo que en él sucede y podrá comprender el sistema completo. De ahí que Rav Yehuda Ashlag fuera llamado Baal HaSulam, el dueño de la escalera, ya que fue capaz de descifrar, para la humanidad, la totalidad de este libro ancestral, donde se encuentran explicados los grandes misterios de la Torá.

Su hijo, Rav Baruj Ashlag, el Rabash, continuando la obra de su padre, aborda de forma más intimista el trabajo espiritual además de completar la explicación de temas concretos con las palabras que escuchó de forma directa de él, en las clases o charlas a las que le acompañaba.


Michael Laitman, discípulo del Rabash, continúa la labor con esta Academia mundial, con sede en Israel y, ahora, conectada al mundo de forma virtual. Los hijos de Baruj es su nombre, Bnei Baruj.


No creo exista en el mundo, en el tiempo actual, otra academia o centro de estudio que permita comprender la kabalá a un nivel más alto. Y más práctico, también. Porque la kabalá no es, solamente, una ciencia intelectual que haya que estudiar como se estudia una carrera universitaria. La kabalá tiene que ser aplicada en la vida real para poder avanzar en la comprensión y alcance de los mundos espirituales. Su objeto último es alcanzar la conexión con Dios y poder revelar la luz Superior.


Por eso no basta estudiar. Es preciso llevar a cabo, simultáneamente al estudio de la kabalá, un proceso profundo de corrección personal. Porque sólo los kelim o recipientes de otorgamiento pueden ser llenados con la luz de Jojmá, o luz de Sabiduría. Los kelim de recepción o deseos egoístas, propios de la condición egoísta humana previos a la corrección, deben ser sustituidos, en un proceso gradual, por nuevos deseos altruistas o deseos de otorgar a los demás, para ir alcanzando, simultánea y progresivamente, el avance espititual.


Es un trabajo doble, en el estudio y en la corrección del egoísmo personal. Así se avanza de forma paralela en ambos lados, derecho e izquierdo, del Arbol de la Vida. Siempre con la ayuda de Dios a través de la plegaria porque, el hombre, por sí solo, no puede terminar ningún trabajo en esta Tierra. A esto se llama actuar con la Fe por encima de la razón, uno de los principios básicos de la kabalá. Y así, poco a poco, se van ascendiendo los grados de la escalera espiritual.


La Academia Bnei Baruj impone el trabajo en decenas o grupos de 10, en particular - condición indispensable - para los hombres, que no tienen otra forma de revelar la luz si no es a través de la conexión de los amigos en la decena. En el caso de las mujeres, si bien nunca participaron en estas actividades porque se entendía, que al ser el sexo femenino Maljut (frente al sexo masculino, que es ZA) esta integración grupal no era necesaria para lograr la conexión, ahora, sin embargo - señal de los nuevos tiempos - se recomienda también a ellas que, en la medida de lo posible, nos integremos en decenas, al igual que los hombres, para el estudio de la kabalá.


Las decenas no son mixtas, por cierto. Ni se nos permite a las mujeres intervenir en las clases matutinas que tienen difusión mundial. Aunque sí podemos escucharlas a lo largo del día y diseminar. He de decir que, como mujer europea educada en la igualdad, no alcanzo a entender esta diferencia de trato tan judía. Pero acato el sistema mientras no está lista la corrección final y tomo mi parte en ella diseminando esta sabiduría.


Porque la Luz debe ser expandida, no se recibe por mero placer o para el deleite personal - que también produce, porque acercarse a Dios sólo causa placer - pero ese, el placer personal, no es su objetivo final. Es preciso, además, diseminar esa Luz que se va recibiendo - cada uno a su nivel y conforme a su capacidad - para contribuir a completar el trabajo de la humanidad en su totalidad.


Para eso he creado una página en Facebook específica en la que publico, con un pequeño extracto de los temas tratados, las clases diarias de Bnei Baruj, a las que os invito a participar a aquellos que lo deseen y que estén preparados para escucharlas; algunas son bastante intensas y, en todo caso, siempre son largas - 3 horas diarias. A veces, no es fácil encontrar el tiempo para incorporarse a una decena de Bnei Baruj, porque exige levantarse a las 3 de la mañana para seguir las clases matinales que tienen lugar, cada día, entre las 3 y las 6 a.m., hora de Israel.


Para aquellos que no pueden asistir a las clases diarias o, todavía, no sienten esa necesidad, podrán encontrar aquí un resumen de las lecciones, con vínculo a los videos correspondientes donde se trata cada tema. Mi objetivo con esta página es poder formar una decena virtual en la que compartir y comentar las lecciones impartidas por el Rav.


Es un trabajo en escalera, como ya dijo Baal HaSulam, cada uno en su escalón, recibiendo de Arriba y otorgando abajo. Así se completará el trabajo entero de la humanidad, cuando la Luz superior llegue a todos los rincones de la Tierra y las palabras de los sabios sean entendidas, por cada cual, en su nivel necesario, para el engranaje completo del sistema global.


Saludos, pues, a mis suscriptores. Os animo a continuar profundizando en el proceso de descubrimiento de la kabalá y del propósito de la vida, con su Torá. Construyamos un mundo corregido, con la ayuda de Dios y con nuestro esfuerzo, particular y colectivo por igual. Para completar la creación, lo que Dios creó para hacer. Y para eso es indispensable el estudio de la kabalá.