El pueblo judío

Actualizado: 26 de feb de 2019


Moisés recibe la Torá


Igual que, entre los seres humanos, podemos diferenciar entre el hombre común y el hombre iniciado - separando al ser humano normal de aquel que conoce el mundo oculto y sus influencias - también entre los pueblos que habitan la Tierra podemos diferenciar al pueblo judío del resto de las Naciones. Y la diferencia está en que fue el pueblo de Israel el receptor de la Sabiduría que es objeto de estudio de la Kabalá y es, por tanto, el único pueblo "iniciado".


Adam, Enoc o Noé ya conocieron estos saberes que se extendieron por el creciente fértil en los albores de la humanidad. Pero fue Abraham - el primer gran kabalista, además de consumado astrólogo - el que abre la puerta a la idea del Dios Uno y da origen a lo que luego serán las 3 grandes religiones monoteístas.


Es después, con su nieto Jacob, cuando se define el concepto de Israel, para aludir al ser humano que trabaja con los 2 mundos a la vez, el que se ve y el que no se ve. Los mundos que se cruzan en la estrella de David y que porta hoy, como emblema, la bandera del Estado de Israel.

Bandera del Estado de Israel

Pero es Moisés el que lleva al pueblo judío a liberarse de la esclavitud del mundo físico (representado por Egipto) a través de la recepción de la Torá. Es este hecho lo que confiere al pueblo judío el calificativo de pueblo elegido, porque, como explica el Talmud, Dios ofreció la Torá a todas las naciones de la Tierra, pero sólo los judíos la aceptaron. Las demás prefirieron seguir viviendo en la forma en que lo hacían: son las Naciones de la Tierra. Sólo el pueblo de Israel, aceptó el sometimiento a las normas que en la Torá se establecían y es por ello por lo que Dios otorga al pueblo judío ese título de "pueblo elegido", con un papel especial en el mundo.


La aceptación de la Torá por parte del pueblo judío es lo que le confiere ese estatus especial a los ojos de Dios, pero igual que su cumplimiento les otorga protección y una conexión a los altos niveles de la escalera espiritual, su alejamiento o incorrecto entendimiento les acarrea maldiciones y pérdidas de identidad.


Porque sus obligaciones van mucho más allá que las de un ciudadano normal, ya que el nacido judío, o el que se convierte al judaísmo por propia voluntad, está obligado a cumplir las 613 mitzvot de la Torá, mientras que las naciones o gentiles, la gente normal, ha de respetar, solamente, las 7 Leyes de Noé, que son mucho más sencillas y de moralidad elemental:


  1. Establecer tribunales de justicia

  2. No blasfemar

  3. No caer en la idolatría

  4. No cometer incesto ni adulterio

  5. No derramar sangre

  6. No robar

  7. No comer carne de animales vivos.


Los mandatos de la Torá, en cambio, son extremadamente exigentes; de ahí que muchos judíos se hayan apartado de sus prácticas en muchas ocasiones, a lo largo de la historia y en la actualidad. Y al apartarse, pierden esa conexión especial que les otorga el cumplimiento de la ley de Moisés y atraen sobre su persona todo tipo de desgracias. Lo que explicaría esa historia tan trágica que siempre se asocia a este pueblo único en la historia de la humanidad.


Israel significa, en hebreo, directo a Dios, como explica Albert Gozlan en este video introductorio. Porque es israelita, no el nacido en Israel, sino el que acepta la Torá como guía y se somete a sus mandamientos y a sus instrucciones, que son muchas. Forma parte del pueblo de Israel todo aquel que, iniciado en los saberes ocultos en la Torá, aprende a aplicar esos conocimientos en su vida.


El objetivo es que, en la etapa final, cuando la humanidad haya alcanzado el grado evolutivo necesario a nivel colectivo, este tipo de saberes se hagan extensibles a toda la humanidad. Los kabalistas afirman que es nuestra generación la que ha llegado a ese estado. Es por eso que hoy la kabalá se ha abierto, para que pueda ser entendida en su verdadero significado y corregir las malas interpretaciones pasadas, como explica el Dr. Laitman.


Lo cierto es que el conocimiento de los mundos espirituales ha dotado al pueblo judío, en la historia, de renombrada habilidad para las Ciencias y las humanidades. Es innegable lo mucho que ha aportado la genialidad judía al mundo, en términos científicos, tecnológicos y artísticos. No, por menos, se atribuyen a los judíos casi el 20% de los premios Nobel de este planeta, cuando representan, tan sólo, el 0,05% de la población mundial. Porque la mente, despierta cuando entra en contacto con la mente Suprema, adquiere vista de Halcón, ve por encima de las apariencias. Eso está ínsito en el conocimiento de lo oculto. De ahí esa visión superior que se adquiere con la práctica de la Torá y el estudio de la Kabalá.


El pueblo judío ha sido el responsable de la custodia y guarda de este saber, y de que todo él llegara a la actualidad, prácticamente intacto. Misión que ha cumplido con precisión casi suiza. Además, ha continuado profundizando en el estudio de estos saberes desde que le fueron entregados y, a día de hoy, han conseguido alcanzar un entendimento integral. La kabalá de Rav. Yehuda Ashlag es una prueba de ello. El saber oculto completamente desbrozado.


Quizás sea cierto, en verdad, que estamos cerca de alcanzar el mundo de Biná, el mundo futuro o mundo venidero de la Kabalá. Pero, sea o no verdad, lo cierto es que el estudio de la Kabalá abre la mente a los mundos superiores, los cuales no pueden ser percibidos de otra forma. Y son estos mundos de Arriba los que determinan lo que ocurre, después, en la Tierra, aquí abajo. No hace falta ser judío para entrar en ellos. Pero sí hace falta conocer la Torá y su significado, encerrado en el El Libro del Zóhar y accesible sólo a los kabalistas, y que ahora, ellos mismos, se están encargando de difundir a la humanidad.








 

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