Fiabilidad de los textos bíblicos




Si nos referimos a la Torá, esto es, al Pentateuco o Libros de Moisés, los israelitas samaritanos conservan una copia de estos 5 Libros que, según las Crónicas Samaritanas, procede de Abishúa (אֲבִישׁוּעַ ‘Ăḇîšūa), biznieto de Aarón, que lo habría escrito 13 años después de la entrada del pueblo de Israel en la Tierra Prometida bajo el mando de Josué tras la muerte de Moisés. Estaríamos hablando del año 1.200 a.C. o incluso de 1.400 a. C. en el cómputo ortodoxo. Es el Rollo de Abisúa, que conserva el nombre de su autor.


Este Rollo, que se guarda en la Sinagoga samaritana de Nablús, al lado de la antigua ciudad de Siquem, donde están enterrados Jacob (יַעֲקֹב, Ya'akov) y José (יוסף Yosef) y donde Jesús tuvo su encuentro con la samaritana a la que pidió de beber, está redactado todavía en el alfabeto hebreo primitivo (alfabeto samaritano), que era el común antes del Cautiverio de Babilonia.




El texto de Abisúa presenta algunas diferencias con los textos masoréticos judíos (la fundamental: el Monte sagrado, que es Gerizim, en vez de Sión) pero en general su redacción es completamente coincidente con los libros actuales; lo que confirmaría, con una antigüedad sorprendente, las Escrituras Sagradas.


Sobre el resto de libros bíblicos que forman el canon, resulta muy ilustrativa la opinión del Dr. Alan R Millard, docente en la Cátedra de Hebreo y lenguas Semíticas Antiguas en la Universidad de Liverpool y Director del Instituto de Investigación Bíblica Tyndale de Cambridge, que califica de “asombrosa” la fiabilidad de los textos conservados, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento.



Este erudito explica como el descubrimiento de los Rollos del Mar Muerto en Qumram en el siglo pasado, confirmó la completa fiabilidad de los textos rabínicos que se conservan hoy en día. Estos Rollos, con pergaminos y fragmentos de textos sagrados muy antiguos e incluso algún libro completo, han sido datados incluso más allá del año 300 a.C.. Y todos ellos son coincidentes, en lo esencial, y en la mayoría de los casos de forma completa, con los textos sagrados que se usan hoy en día y que forman parte de la Biblia moderna.


Hay fragmentos mucho más antiguos que los Rollos, pero se refieren a textos pequeños y no a libros completos como en Qumram, aunque en cualquier caso sirven para verificar la completa coincidencia con los libros y oraciones que actualmente se recitan por el pueblo judío: así por ejemplo, en 1.979 se descubrieron en una tumba en Israel dos amuletos en forma de cigarrillo plateado con un fragmento de las Escrituras del Antiguo Testamento, en concreto la bendición aarónica o sacerdotal recogida en Números 6:24-26, con su texto intacto: “YHVH te bendiga, y te guarde, YHVH haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia; YHVH alce sobre ti su rostro, y ponga en ti paz”. Se ha datado en el año 700 a.C. Para leer más sobre arqueología bíblica, ver aquí lo que dice wikipedia.


La razón de esta extremadamente buena conservación de los libros bíblicos se ha debido, sin duda, al trabajo que los escribas judíos - masoretas - realizaron durante siglos. Los masoretas eran responsables de recordar una por una las palabras de los Escritos y transcribirlas fielmente. Dice de ellos el Talmud:


“Pongan atención ustedes hacia su obra, porque su obra es la obra del cielo; no sea que roben o añadan una letra del manuscrito, y así se conviertan en un destructor del mundo”

Estos Escribas podían no entender el texto o desconocer su interpretación, pero su transcripción era completamente correcta. Por eso dice Millard que “Los antiguos escribas merecen nuestra gratitud y alabanza”, porque gracias a ellos, podemos confiar en las versiones actuales de los Libros que componen el Antiguo Testamento.


En cuanto al Nuevo Testamento, aunque obviamente la kabalá - al no reconocer a Jesús como Mesías - no se ocupa de él, el Dr. Alan R Millard afirma que la fiabilidad de sus textos es todavía mayor, porque los Evangelios, redactados muy pronto tras la muerte de Jesús, han llegado a la actualidad perfectamente custodiados, en lo que se califica por los eruditos como "correcto depósito” es decir, “en el lugar donde, y bajo el cuidado de personas, en quienes tales escritos pudieran naturalmente y razonablemente esperar ser encontrados; porque es esta custodia la que le da autenticidad a los documentos encontrados en ella.” (Simón Greenleaf, The Testimony of the Evangelists, Pág.7-8).


Así que los eruditos confirman que el Texto íntegro de la Biblia, tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento, en las versiones que actualmente se manejan, son completamente fiables. Cualquiera de ellos está mejor atestiguado por la evidencia de los manuscritos que cualquier otro texto de autores clásicos. (Dr. Alan R Millard).

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