La formación del Vacío: las 231 puertas


Antes de dar inicio al proceso creador, Dios llenaba todo el espacio, todo era Él, todo estaba lleno de Luz del Infinito (Or Ain Sof). Así que, para empezar a crear algo, Dios comienza por dejar un espacio vacío donde poder hacerlo, para lo cual se restringe a Sí Mismo y, con ello, define los límites de lo que será nuestro Universo, la Matrix en la que vivimos.

Este movimiento de restricción que en Kabalá se conoce como TzimTzum (constricción) es el principio de todo. En un sentido general, representa el Entendimiento o Luz negativa que permitirá delinear la Luz Infinita del Ain Sof y dar forma a nuestro mundo.


Para este paso, Dios utiliza la letra 2 Bet que presentamos en post previo. Con ella se genera el vacío, sobre el que se construirá nuestro mundo. Para hacerlo, Dios se restringe a sí mismo, se esconde en el mundo superior y deja el inferior completamente hueco. Es en este gran hueco vacío donde se formará el universo en el que vivimos.


Para formar el vacío, el mundo en el que Dios se esconde, Dios dispone las 22 letras hebreas en un círculo y conecta cada una con el resto en la forma en que se muestra en la figura de abajo, formando una especie de techo.

Al hacerlo tenemos un total de 231 combinaciones o 231 puertas, que resultarían de estas combinaciones de 2 letras. Israel, de hecho, en una de sus permutaciones es “Hay 231”, porque el pueblo de Israel – todo aquel que conoce los 2 mundos - es el guardián de las 231 puertas que ponen límite a nuestro universo.


Esta disposición mística de las letras para formar las 231 puertas se describe en el Sefer Yetzirá y se conoce como Galgal, que significa rueda o ciclo; también, a veces, se aplica este término a la rueda del Zodíaco (Talmud).


Con las 231 puertas se formó el espacio vacío que precedió a la creación (Tohu y Bohu, el caos y el vacío del Génesis 1), vacío o “hueco” en el sentido de que contiene posibilidad de información, pero no contiene todavía información de hecho.

“No había mundo ni posibilidad de que existiera, y el vacío lo cubría todo” Zóhar 45

Las 231 puertas están formadas por parejas de letras, así que son un total de 462 letras (231 x 2). El mismo valor de 462 tiene el vocablo hebreo Nativ (sendero), indicando que este hueco fue hecho con los 32 senderos del Árbol de la Vida[1], que continuaremos explicando, y que las 231 puertas son el medio para ascender y descender por él.

Desde el punto de vista temporal, el vacío, Galgal o útero representa el presente, el único tiempo que se puede percibir de forma directa. El pasado se percibe en la memoria y el futuro en la imaginación; pero sólo percibimos como real el tiempo presente.


El presente es el hijo del pasado y, a su vez, el útero donde se concibe y se gesta el futuro. Porque nuestro futuro será hijo de nuestro presente y de nuestra voluntad de cambio. Es esta diferencia básica entre el tiempo y el espacio lo que permite el libre albedrío y lo que hace que no se pueda predecir el futuro. Por esta particular configuración de nuestro mundo, el ser humano dispone de libre albedrío y puede gestar su propio futuro.


Por tanto, no es correcta la afirmación de la cábala esotérica que dice que Dios es la Nada. Dios, que es el Todo, creó el mundo a partir de la Nada; pero para ello tuvo que experimentar un proceso de contracción (TzimTzum) que permitiría delinear y dar forma a todo lo que conforma nuestro universo.


Las 10 sefirot

Dios es el 1. El vacío formado por Él es el 0. La unión de los dos da forma al número 10, las 10 direcciones de nuestro universo y las 10 Sefirot del Árbol de la Vida que ahora se formarán dentro del Vacío, en el que ahora se contendrá todo nuestro mundo.


Tomemos nota del proceso creador, porque igual que Dios creó el mundo, así nosotros creamos nuestra propia vida, según nos explica la Torá, ya que el hombre fue hecho a su imagen y semejanza en potencia, aunque no en cuerpo todavía. Pero lo cierto es que el inicio de cualquier nuevo proyecto parte de un vacío previo, de una necesidad no cubierta, un espacio en blanco que pueda ser llenado. Este es el principio para crear cualquier cosa.


Cuando la vida de uno ya está llena de cosas, nada nuevo cabe. De ahí la importancia de la limpieza y de hacer espacios nuevos todavía no experimentados. Ahí es donde puede entrar Dios a crear nuevos espacios y nuevas formas, como hizo Él mismo cuando decidió crear un mundo para el Hombre.

[1] El Sefer Yetzirá dice que Dios “grabó” los 32 senderos de Sabiduría, entendido el término grabar como en la escritura cuneiforme, esto es, vaciando material para dar forma a las letras; así, de la misma manera, se formó el vacío en el universo.

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