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La onda y la partícula




Los kabalistas han aplicado sus conocimientos al experimento de la doble rendija practicada en laboratorio por los físicos actuales que explica que los electrones de los átomos tienen 2 maneras de comportarse, como onda o como partícula:


1) Cuando actúan como ondas coexisten en varios sitios al mismo tiempo, igual que una onda que se forma al tirar una piedra en el agua abarca todo el círculo. Es la energía del Agua propia de la sefirá 2 Jocmá.


2) La partícula, en cambio, se focaliza en un punto concreto. Es la energía del Fuego, propia de la sefirá 3 Biná, el Entendimiento que da nacimiento a las formas.


El experimento concluye que la onda actúa como tal mientras no es observada, pero en el momento en que se introduce un observador, se transforma en partícula.


La explicación que da la Kabalá a este experimento que ha desconcertado a los físicos es la siguiente: la onda es un campo cuántico repleto de información y esa onda interactúa con todo, con nosotros, la tierra, el universo, y todo con todo. Mientras el electrón está bajo forma de onda, podemos modificar el contenido de la información, porque el electrón puede materializarse en cualquier sitio de la onda.


Pero una vez que el electrón se define como partícula, ya no podemos hacer nada para cambiarlo, ya hemos materializado; hace falta conectar con la onda para disolver la materia y formarla de manera correcta. Con la onda, o con el el agua, sí podemos cambiar el mundo, según explica Albert Gozlan, en su Curso de Zóhar.


Reproducimos las palabras del Maestro Gozlan, que es el kabalista actual con unas explicaciones más claras de los grandes Secretos del Cielo y, en concreto, el más atinado en hacer las conexiones entre los saberes místicos y los adelantos científicos que se van obteniendo por la raza humana:


“El campo cuántico o matriz divina es un espacio infinito de información y de soluciones, pero nosotros no podemos incidir sobre la partícula; si queremos cambiar el mundo tenemos que incidir sobre la onda.


Los que trabajan con los 5 sentidos están transformando la onda en partícula, y eso esta ligado a una emoción que se llama el miedo. Aquí el milagro no opera. Tenemos que operar en el nivel de la onda, y para eso hay que olvidar los 5 sentidos y transformar el miedo en amor. Desde ese momento, desmaterializamos la partícula y entramos en la onda, allí hay mucha información y se pueden cambiar las situaciones del mundo. Así que el que entra ahí, puede crear eventos en este mundo."


La Kabalá te permite, con su conocimiento, poder incidir en el mundo de las ondas. Las ondas se mueven por la columna derecha del Árbol de la vida, hecho del Elemento 2 Agua. Mientras que la partícula nace en la sefirá 3 Biná, el Elemento 3 Fuego, que encabeza la columna izquierda del Árbol.


Mediante las meditaciones y el uso de las letras hebreas, uno consigue formar buenos eventos en el mundo de la onda que, después, se traducirán en bendiciones en esta Tierra, el mundo de la partícula. Cuando no actuamos así, son los astros los que nos envían los eventos kármikos que procedan, en cada caso, cada uno según su valía y sus deudas pendientes y conforme a los ciclos astrológicos generales.


El hombre común, que se rige de forma exclusiva por sus 5 sentidos, solo percibe el lado izquierdo del Árbol de la Vida, el mundo de la partícula, de tal forma que no tiene capacidad para alterar su vida. En este estado, el ser humano siente miedo, pues no tiene control alguno sobre los acontecimientos externos y queda plenamente sujeto a las energías astrológicas. Queda sujeto al karma que él mismo ha creado - de forma consciente o inconsciente, en la mayor parte de los casos -.


Por medio del estudio de la Kabalá y las prácticas asociadas y siempre, en todo caso, a través del amor y la emoción, que es la energía que preside el lado derecho del Árbol, uno aprende a pasar de la partícula a la onda, esto es, a empezar a dirigir su vida y a conformar sus circunstancias de una forma más acorde al fin para el que fuimos creados.


En cuanto meditas, todos tus electrones se modifica. Igual que cuando observas. En forma de onda o de partícula. La sefirá 2 Jocmá es el Zóhar, porque su estudio tiene el mismo efecto que meditar, que es entrar en Jocmá.


Dice el Zóhar que Dios creo la Tierra con la Jocmá (la meditación), y la fuerza de la meditación era la fuerza de Adam recién bajado a la Tierra; pero tal poder se perdió. Es trabajo de todos recuperar esta capacidad, y la única forma de hacerlo es a través del aprendizaje de las técnicas y herramientas kabalísticas.


En todo caso, y para la expansión de nuestros límites mentales ordinarios, la Kabalá recomienda oscilar, en un movimiento pendular, entre los estados de conciencia de la Sefirá 2 Jocmá, el mundo del agua y del amor, donde todo se une, y la Sefirá 3 Biná, el mundo del fuego y del pensamiento, donde se define la partícula y surgen las formas que nos diferencian.


La respiración inconsciente, por ejemplo, pertenece al ámbito de la sefirá 2 Jocmá. La respiración controlada, en cambio, pertenece a la sefirá 3 Biná. Ambas se usan en la meditación para alternar ambos estados de conciencia. A fuerza de meditar y profundizar en sus dos extremos aprendemos, con la práctica, a permanecer más tiempo en una y otra Sefirá y aprendemos, de esta manera, a conectar con la 4ª dimensión que nos rodea, el tiempo y lo que está fuera de él, lo atemporal, lo eterno, lo infinito.


Es trabajo de la Kabalá ampliar nuestros límites mentales ordinarios, y este tipo de meditaciones ayudan a eso.