Las 10 Sefirot



Las Sefirot (plural de sefirá, literalmente “cuenta”) son 10, 10 es su medida. Son los 10 números básicos o, más bien, las fuentes de los que esos números se originan ya que el mundo de las sefirot es anterior al mundo físico. Porque nuestro mundo fue creado en 4 pasos y el primero fue la formación de las sefirot - después de las letras hebreas, pues con ellas se definieron los principios de la creación, pero eso fue antes de que la creación propiamente dicha comenzara -.


Las letras hebreas, todavía, son los atributos del Dios Uno que pertenecen a otro nivel de existencia, no a este mundo que habitamos. Hablaremos de ellas más adelante. Es con ellas con las que Dios va dando forma al mundo que nosotros vemos. Pero la creación del mundo propiamente dicha comienza con la emanación de las sefirot, cada una con un nombre, cada una con una energía, porque cada letra aporta o contiene un determinado atributo de la divinidad.


Con las sefirot se introduce el número, esto es, la pluralidad en la existencia: frente al mundo del Dios Uno, donde sólo existe Él, en el mundo que se crea - y en el que nosotros vivimos - la clave es lo plural. Pasamos de ser Uno a ser muchos, cada uno como manifestación de una pequeña parte de Él.


Con las sefirot se sopesa y se calcula. Se aprecian las distintas perspectivas que tiene la vida y los problemas que nos encontramos en ella. Con ellas, y a su través, uno conoce las distintas caras o facetas que tiene la vida, porque la vida no es una película unidireccional. La vida la escribimos nosotros cada día y tiene muchas perspectivas distintas. Algo es bueno o es malo según desde donde lo observes o con quien lo vivas.


Cada sefirá nos permite conectar con distintas facetas de nuestra personalidad y del mundo, porque todo funciona a la par, todo está conectado, aunque no lo parezca. Por eso, ningún ser humano podrá tener felicidad completa mientras algún ser humano en algún rincón de la Tierra siga sufriendo. De ahí el trabajo colectivo que, como humanidad, llevamos impuesto: la redención completa.

Las sefirot, para nuestro entendimiento, son los distintos estados de conciencia disponibles al ser humano. Según uno va ascendiendo, se va preocupando más de los demás que de si mismos: la pareja, los hijos, los padres y hermanos, la familia, los amigos, la sociedad que habitas, la nación en la que vives..... el mundo, la humanidad, el planeta Tierra.


Las sefirot son puros conceptos ideales, sin sustancia ni propiedades físicas intrínsecas, a diferencia de las letras hebreas que tienen forma y sonido. Se dice que estas esferas son inefables, porque no pueden ser descritas, frente a las letras que son modos de expresión. Pero lo cierto es que, aunque resulta complicado definirlo con palabras, cada sefirá se asocia con determinados conceptos ideales eternos e inmutables.


También el cristianismo habla de ellas. Son “las Salas del Palacio de mi Padre” de las que hablaba Jesucristo, recordando las hekhalot (los palacios) del Eclesiastés 1. Las moradas de las que habla Santa Teresa de Jesús en "El castillo interior", una de sus obras más inspiradas. El Castillo interior de Santa Teresa es el Árbol de la Vida de la Kabalá o, para ser más exactos, una parte de él.


La mística cristiana habla de los 7 Palacios celestiales (el ZA (6) más Biná = 7). Son los 7 grandes escalones que debe escalar el ser humano antes de volver al lugar donde fue creado, el Paraiso, la sefirá Biná, el 7º Cielo, la 1ª sefirá de los mundos Superiores y la número 3 del Árbol.


Cada sefirá registra información, es un banco de memoria de todo lo que ha tenido lugar, en cada estado, desde que el mundo fue creado. En ellas convergen el pasado, el presente y el futuro de cada esfera concreta. Cuando uno se adentra en ellas, realmente entra en contacto con este saber universal, agrupado por especialidades o áreas de conocimiento.

Las 10 Sefirot numeradas, de Arriba hacia abajo

El saber universal sólo está disponible en la sefirá 2 Jocmá; y el Entendimiento global, en la sefirá 3 Biná.


Pero los niveles inferiores contienen también fuerzas muy poderosas, que se van conociendo a medida que uno comienza el camino de iniciación a los saberes ocultos.


De ahí su uso en la Magia (los niveles intermedios), tanto blanca como negra, si bien, dado que esta última fue lo que motivó la destrucción del primer mundo creado, es preferible no aprender a usarla, sobre todo ahora, que el karma se acelera y cualquier abuso es castigado de manera tan cercana en el tiempo, que uno realmente recibirá el castigo por su acción incorrecta y lo percibirá como tal.


Obviamente, la capacidad de aplicar esa información a los niveles terrenos esto es, de entender lo que de ellos percibimos, dependerá de nuestro grado de educación y de la habituación de nuestro cerebro a tratar con temas similares. La Kabalá se percibe de formas diferente por alguien, por ejemplo, licenciado en ciencias físicas - que podrá entender la información de forma distinta - a como puede percibirlo alguien que no ha pasado de los estudios básicos. Porque los recipientes - los cuerpos - donde se recibe la luz son de distinta capacidad y cada uno recibe y refleja en función de la suya. Es misión de cada uno preparar su recipiente para recibir la luz más alta posible o, al menos, la más adecuada a su naturaleza. De ahí la importancia de la educación y el estudio para la formación del ser humano y la elevación de la humanidad global.


No es secreto para nadie ya, que muchos de los grandes sabios de la historia eran iniciados en los saberes ocultos y, por tanto, recibieron ayuda de los mundos superiores para sus grandes descubrimientos. Véase, si no, Sir Isaac Newton, fervoroso defensor de la astrología además del físico más prominente de su generación y padre de la Física Clásica; o, sin dudarlo, el propio Leonardo Da Vinci, el gran sabio universal que tanto sabía de medicina como de arquitectura, por citar algunas de las ciencias y técnicas que manejó con destreza.

Y es que el conocimiento de los mundos superiores y de su manejo permite bajar a la Tierra información valiosísima para el mundo físico; porque la Kabalá amplifica extraordinariamente nuestra capacidad para resolver problemas y encontrar soluciones “geniales”.


Estas ideas geniales, en realidad, no son nuestras - no nos envanezcamos y perdamos la conexión por ello – sino de los genios (así llamados en astrología caldea en la que era experto el gran Patriarca Avraham), que no son otros que los 72 nombres de Dios con los que YHVH creó el mundo y que gobiernan por franjas de 20 minutos las 24 horas de cada día. Recomiendo la visita de la página web http://www.72shemot.com/ donde, introduciendo la hora del amanecer en tu ciudad puedes conocer que nombre concreto rige a cada hora del día y cuales son sus cualidades.




Entender la esencia, disposición y estructura general del Árbol de la Vida es clave, porque sólo sabiendo situar cada energía en su nivel podremos ordenar el mundo y nuestra vida. Porque todo lo que existe y se crea cada día lo hace siempre siguiendo la huella que señala este plano básico, haciendo uso de estas 10 energías primordiales que se definen en el árbol sefirótico. Y nosotros, sin saberlo, lo hacemos también, aunque a ciegas. Más bien lo hacen por nosotros las estrellas, que son las vías de entrada de las energías cósmicas a la Tierra.


La Kabalá explica que las sefirot que conforman el Árbol de la Vida o Árbol sefirótico son las emanaciones divinas que sirven de base a la creación. Pero también son los 10 “Dijo” del primer capítulo del Génesis, esto es, los decretos divinos con los que Dios creó. Con estos dichos se introdujo información en el espacio desocupado y comenzó la creación. Como enfatiza Kaplan, el orden fue primero “grabar” y después “crear”. Lo que indica que para crear algo es preciso primero dejar un hueco, vaciar algo, crear un vacío, sentir un hueco, tener una necesidad en términos psicológicos.


Igual que nosotros creamos con nuestros dichos también, así que cuidado con lo que sale de nuestra boca, porque con ella podemos rodearnos de ejércitos espirituales buenos o malos, y esto ultimo no es nada recomendable porque bloquearán todos nuestros proyectos, ya que para eso han sido creados los demonios o fuerzas del mal, para ponernos piedras en el camino. Aunque esto, posiblemente, sólo podrá ser entendido en profundidad tras comenzar el estudio de la Kabalá. Aquí simplemente queda apuntado.


También se traza un paralelismo entre las 10 sefirot y las 10 vocales de la lengua hebrea, de forma que sumadas a las 22 letras hebreas (que son todas consonantes) conformarían la totalidad de la Lengua Sagrada o 32 senderos de sabiduría de los que hablaremos más.


En la práctica kabbalística, cada sefirá representa un estado objetivo, una determinada energía, un determinado nivel de conciencia. Cuando a lo largo de su evolución espiritual, uno aprende a adentrarse en ellas, alcanza - al hacerlo - ese nivel peculiar que cada una representa, se pone en contacto con ese nivel de energía. Esto se percibe internamente como una mayor madurez en la vida, un mayor entendimiento que el habido en el estado previo, como gustos y necesidades distintas de las habidas hasta ese momento; realmente con cada ascenso, vamos adquiriendo nuevos atributos y experimentando el paso de vivir en distintos estados de conciencia, en distintos peldaños, igual que cuando subimos por una Escalera.


El ascenso y desplazamiento por esta Escalera Espiritual es lo que en kabalá clásica se conoce como la tradición de la Merkabah (carroza) , propia de la kabalá mística y desarrollada en el judaísmo a partir de Avraham, tal y como sintetiza el Sefer Yetzirá, el tratado kabalístico más antiguo.

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