Las Letras Hebreas

Está escrito: “Cuando el Creador se propuso crear el mundo,

todas las letras estaban aún ocultas, e incluso 2.000 años antes de la creación del mundo

el Creador ya miraba las letras y se recreaba con ellas. (Zóhar 22)


En ese mundo del Uno donde todo empezó y donde todo, sin duda, terminará para volver a empezar, Dios - dice el Zóhar - se complacía en jugar con las Letras, con las que luego creó el mundo y todo lo que existe en él. Por eso se llaman Letras del Fundamento (Otiot Yesod), porque la existencia del mundo se basa en ellas.


En esta fase del mundo, que es anterior al Big-Bang que explica la ciencia, las letras estaban escondidas, todavía no tenían cuerpo. Aún no existía el mundo, ni el Sol ni los planetas. Y en este mundo previo al Big-Bang, Dios ya dialogaba con estas letras y era para Él una delicia, según relata el Zóhar.


Las letras hebreas son 22, igual que son 22 los arcanos del tarot de la cábala esotérica, seguramente inspirados en ellas. El trazado de las letras Mem, Nun, Tzadi, Pey, Caf varía si se encuentran al final de la palabra, así que si añadimos estas 5 letras, llamadas sofit, serían un total de 27.


ET (Alef-Tav) es una expresión hebrea que abarca el alfabeto completo, las 22 letras, las herramientas de la creación. AT (ET), esto es, las 22 letras, son la conexión entre Dios y el mundo físico, entra la esencia que fecunda y la esencia que genera; lo que fecunda, Dios o los mundos Superiores, son la semilla; es el origen donde se crean las energías que luego generan eventos en esta Tierra. Son el enlace entre los 2 mundos, el de Arriba y el de abajo.


Las letras son recipientes de pensamientos Divinos; cada una de ellas aloja pensamientos de Dios y con sus combinaciones se forman palabras que son solo pensamientos más sofisticados. Con ellas Dios creó el mundo.


Las 22 letras hebreas se dividen en 12 letras simples (que forman los 12 signos zodiacales), 7 letras dobles (7 planetas de la astrología tradicional) y 3 letras madres (los 3 elementos primigenios: aire, agua y fuego). Digamos que las letras son las almas que van a habitar esos cuerpos astrales, planetas y constelaciones una vez creados. Son las esencias astrales que luego drenarán a través de los cuerpos celestes a este mundo físico para generar eventos. Son, por tanto, almas de gran inteligencia que inciden de forma directa en nuestra vida, ya que son las responsables de materializar eventos en este mundo.


Estas letras son el enlace que hace que el pensamiento se materialice. Cada una de ellas es, para nosotros, un jeroglífico que nuestra alma interpreta y descodifica para ponerse en contacto con las almas originales de los planetas y las estrellas, así que el alfabeto no es un alfabeto normal sino un enlace para conectar con estas almas superiores.


Con ellas se hizo toda la creación. También son responsables del sostenimiento del mundo, por lo que si fueran retiradas por solo un momento, el universo dejaría de existir. Por eso los judíos consideran el hebreo como la Lengua Sagrada (Lashon Hakodesh), porque sus Letras son el Fundamento de la creación[1].


Estas letras, explica la Kabalá, fueron entregadas por Dios a Adam, aunque fue Avraham el maestro en su manejo según demuestra en su Sefer Yetzirá, Tratado de Kabalá a él atribuido.


Dado su carácter sagrado, se solía reservar el uso del hebreo para las oraciones, los oficios y estudios religiosos y los trabajos del Templo, pero la lengua que se hablaba de forma común entre los judíos y pueblos de la zona era el arameo, una suerte de versión vulgata del hebreo, idioma que además de ser el que utilizó habitualmente Jesús en sus predicaciones, es la lengua en la que también está escrito el Zóhar, sin duda el tratado más importante de la Kabalá.

La llamada “circuncisión de la lengua” no es otra cosa que la capacidad de usar los misterios de la lengua hebrea o, de una forma más genérica, la capacidad de escrutar los secretos de la Torá. Por eso los sacerdotes impartían las bendiciones levantando las manos al nivel de la boca y por eso, también, se elevan las manos a ese nivel cuando se ora.


La lengua hebrea se escribe, y se lee, de derecha a izquierda; al contrario de las lenguas de las Naciones que se escriben de izquierda a derecha. El orden primero es el de los mundos celestiales, porque primero existe la semilla, y esta procede del lado derecho del árbol de la vida que después veremos. Solo después de que exista la semilla, pasamos al lado izquierdo para que la misma crezca y de fruto.


Cada letra tiene un determinado “peso” o valor numérico (guematría) que aporta cualidades a su portador. Cada letra aporta un tipo diferente de información. Algunas tienen encima pequeñas coronas (taggin) que representan su naturaleza espiritual y su conexión con mundos superiores.


Con el valor numérico de cada letra se calcula tanto el “peso” de cada una de ellas, como el de las palabras que con ellas se forman. Dos palabras que “pesan” lo mismo son, según la kabalá, sustituibles entre sí. Esta es la regla que permite asignaciones y conexiones entre conceptos que de otra forma nunca habríamos unido entre sí. Por ejemplo, el vino en hebreo tiene el valor numérico de 70, el mismo que la palabra secreto, lo que indica que hay un secreto en el vino, que es que une los pensamientos de aquellos que beben juntos. Hay otras muchas palabras que tienen esa misma guematría y cada una tiene su secreto oculto. Son estos secretos los que desvela la Kabalá, que es la ciencia que desvela los Secretos del Cielo.


Las posibles relaciones entre letras nos abren la puerta a un mundo de infinitas posibilidades. Algunas de las conexiones que se pueden obtener con este sistema son todavía incomprensibles para nosotros en nuestro estado actual del conocimiento. Pero todas ellas tienen un profundo significado, incluso aunque nuestra lógica no llegue a captarlo por completo.

[1] Dado que las letras son el Fundamento del Universo, es por lo que a través de su manipulación se pueden alterar las fuerzas de la creación, tal y como explica el Sefer Yetzirá.

 

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