Los 10 grandes Nombres de Dios

Actualizado: 7 de oct de 2019


Semác[1] en arameo, la lengua usada por Jesús cuando se dirigía al pueblo (aunque también usaba el hebreo, fundamentalmente en el Templo) tiene la misma raíz que la palabra “nombre” en hebreo (shem: letra 21 shim-letra 13 mem), y como en la Lengua Sagrada, semác en arameo significa tanto el nombre en sí mismo como un tipo específico de energía creadora.

Como vemos, Jesús comienza su oración al Padre santificando su nombre, cumpliendo así la obligación marcada en la Torá para el adecuado uso de los nombres sagrados y recalcando la importancia de los nombres de Dios para la kabalá. Jesús en esta oración santifica el nombre del Padre (Abba), a quien se dirige, alojado en la sefirá 2 Jocmá como después veremos.


Así como en el primer mundo que Dios destruyó - del que todavía no hemos hablado - las sefirot estaban controladas por energías elementales, para la creación de nuestro mundo, en cambio, Dios atribuye a cada sefirá un nombre específico al cual otorga su dirección, de tal forma que cada nombre concreto personificará un tipo distinto de energía Divina.


Por eso dice el Sefer Yetzirá que Dios empezó grabando en las sefirot[2] sus nombres Divinos. A partir de ese momento, cada sefirá se personaliza, toma la forma o adquiere la personalidad del nombre de Dios asignado, el cual determinará sus características definitorias y su papel en la creación.


El entendimiento de los nombres de Dios es otro concepto fundamento de la kabalá. Porque Dios es Uno, y no tiene igual. Dios es la Unidad. En él no hay pluralidad de ningún tipo. Y sin embargo Dios Uno está oculto de nuestro mundo porque aquí se manifiesta de forma no completa.


Los nombres de Dios que usa la kabalá no son Dios en Sí Mismo. Dios es el Ain Sof, el Ser Infinito, “Sublime y Santo”, exaltado sobre todo concepto. Pero para impulsar la creación, Dios tuvo que descender - a través de las sefirot - para luego ascender otra vez y volver a lo Infinito. Los nombres son sólo los diversos modos en los que Dios se manifiesta a Sí Mismo en la creación.


Dios adquiere las distintas formas que adopta en nuestro mundo usando las letras hebreas: se reviste con ellas para manifestar unos u otros de sus atributos (como ya dijimos, las letras no son más que atributos de Dios) y de esta manera dar forma a las grandes fuerzas de nuestro universo responsables de la creación y del sostenimiento del mundo.


Cada uno de los nombres es una poderosísima fuerza universal. Cada nombre de Dios es una Fuerza divina concreta que opera en un plano, el ligado a la sefirá correspondiente que se le asigna. Esta asignación de nombres de Dios al Arbol de la Vida corresponde al primer mundo, el de Atzilut, el Mundo divino, el mundo de los arquetipos o mundo de las emanaciones. Es el primero de los Mundos de nuestro Universo.


Los nombres sagrados asignados a cada sefirá son los siguientes:



Keter: Ehyeh

Jojmá: Yah

Biná: YHVH (con vocales de Elohim[4])

Jesed: El

Gevurá: Elohim

Tiferet: YHVH

Netzach: YHVH Tzevaot (Señor de los Ejércitos)

Hod: Elohim Tzevaot (Dios de los Ejércitos)

Yesod: El Shaddai (Dios Todopoderoso)

Maljut: YHVH Adonay


Dedicaremos siguiente post a más precisiones sobre el uso de estas poderosísimas fuerzas universales. Y desarrollaremos cada uno de ellos en la sefirá correspondiente.


Porque, explica la Kabalá, el mundo está basado en la meditación kabbalística de nombres de Dios o combinaciones formadas entre varios de ellos (Yijudim). El uso de la combinaciones adecuadas nos permite unirnos a Dios, conjurar malos decretos y atraer bendiciones a nuestra vida[1]. Así que al hablar de cada sefirá nos referiremos al nombre de Dios a ella asignado y su significado en Kabalá.


[1] Las vocales tienen que ver con un mundo y las consonantes con otro. YHVH se ubica en la sefirá 3 Biná, pero con las vocales de Elohim, que tiene que ver con el mundo de la sefirá 5 Gevurá. Al combinar algo de uno con algo de otro, estamos mezclando los dos mundos.

 

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