Los kabalistas


"El nivel de la cábala se dió cuando Moisés eligió a un puñado de futuros nistarim (literalmente "los ocultos") y les enseño el Sod (el "secreto") de la Torá."
Rabbí Laibl Wolf -"La cábala práctica"


Llegar a ser kabbalista (mekubal) es el producto de un prolongado aprendizaje espiritual, de años de dormir poco y estudiar de noche y de adquirir pautas saludables de vida.


Los grandes mekubalim (plural de mekubal, kabalista), esos que han conseguido llegar a los más altos niveles de la Escalera espiritual, son pocos; pero cuando uno llega a ese nivel adquiere la capacidad de hacer milagros, esto es, de alterar las leyes del mundo físico (porque este mundo físico no es más que el efecto de lo que ocurre en el mundo espiritual, que es el mundo de las causas) además de poder ofrecer consejos espirituales que pueden cambiar la vida de una persona en una sola sesión. Se dice que los kabalistas pueden ver a través de tu alma. Para ellos no hay secretos.


Aún no alcanzando los altos niveles, el simple hecho de estudiar kabalá nos permite acceder a nuestra dimensión espiritual, tomar conciencia de los flujos de energías que existen en los mundos superiores y como afectan a éste y aprender a entender por qué suceden las cosas. Nos enseña también a controlar los eventos de nuestra vida, a tener paz interior y a atraer abundancia a nuestra vida en general, tanto en buena salud, como en amor, dinero o en relaciones correctas, todo ello usando las técnicas para bajar bendiciones.


El estudio de la kabalá produce, en el que se acerca a ella, un cambio completo en su escala de valores y, con esto, un cambio también en su forma de vida, gracias al conocimiento y a la conexión espiritual que con ella se consigue. Después de un tiempo de práctica uno empieza a percibir cambios en sí mismo y en su entorno.


Además de conocernos a nosotros mismos, la kabalá nos permite también conocer el plan de Dios cuando creó el mundo y qué papel jugamos nosotros en el proceso creativo del que formamos parte. Nos permite descubrir nuevos estados de conciencia, subir a los reinos superiores y aprender que la clave de la felicidad en nuestra vida está en nuestra capacidad de sacar la parte positiva incluso cuando las circunstancias externas son adversas.


A medida que ordenamos pensamientos y emociones dentro nuestra, el mundo de fuera se ordena también. Porque como es dentro es fuera, y como es arriba es abajo. Porque es el mundo espiritual el mundo de las causas, el mundo en que todo se genera; este mundo material en el que vivimos es sólo el mundo de los efectos; aquí sólo recibimos lo que nosotros mismos hemos provocado en los mundos superiores.


De ahí la importancia de controlar nuestros pensamientos y nuestras emociones formadoras de eventos y de aprender a construir eventos favorables. Nosotros somos responsables de nuestra vida y de todo lo que nos pasa. Pero no en la forma en que habitualmente se piensa, sino más bien, a la inversa.


Todos llevamos dentro una chispa divina en la que reside la sabiduría y sólo podremos recuperarla y hacer que brille, a través de un profundo proceso de introversión. El único camino para llegar a Dios pasa por un viaje al centro más hondo de nuestro ser, aunque son necesarias algunas herramientas para llegar hasta allí y muchas horas de estudio para entenderlo.


La Torá nos enseña a construir un puente entre los dos mundos, entre subconsciente y consciente; la Torá es, según la kabalá, la única forma de llegar a Dios.

 

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