Niveles de entendimiento de la Torá

Actualizado: 22 de mar de 2019

La Torá describe un proceso espiritual único en un número de niveles llamado PARDES (Pshat – Simplicidad, Remez – Indicio, Drush – Alegoría, SodSecreto) y, si sabemos cómo leerlo de manera correcta, entonces podremos alcanzar el estado de  Adam HaRishón, Adam. Dr. Laitman

La Torá, como explica la kabalá, puede ser entendida en niveles distintos. Los niveles de comprensión de la Torá son muchos y no todos pueden acceder a todos ellos. Es preciso un trabajo largo y progresivo para ir ascendiendo por los niveles espirituales y poder llegar a captar los mundos superiores.


Precisamente, ese es el trabajo de la kabalá: el ascenso por la Escalera Espiritual, así llamada por Rav. Yehuda Ashlag, apodado por ello Baal HaSulam (El dueño de la Escalera), el mayor kabalista del siglo XX.


Cuando Moisés recibió la Torá, diferenció en ella 4 niveles de entendimiento:


  1. El significado sencillo o literal (Peshat, sin complicaciones), que se refiere a las normas básicas de convivencia, el código ético y el estilo de vida que propone la Torá.

  2. El nivel Remez, un significado que se insinúa en el texto pero que tiene que ser explicado para entenderlo. Es el segundo nivel de profundidad.

  3. El tercer nivel es el Drush, el nivel deducido, al que sólo se llega a través de metáforas o alegorías. Se conoce la esencia de la Torá con metáforas o cuentos. En este nivel se situarían las parábolas de Jesús.

  4. Y por último está el significado oculto, el Sod, el Secreto, que es el que estudia la kabalá; este es el mundo de los símbolos, de los números, de las fuerzas espirituales. Este es el nivel que tenía la amistad Jesús-Juan, el único apóstol iniciado en lo oculto y el único que comprendió el real papel de Jesuscristo. Sólo él conocía la kabalá, en la que Jesús fue un gran Maestro.

Recordemos, si no, el inicio del Evangelio según San Juan, que reza de esta manera, en un texto de contenido enmientemente kabalístico:


La Palabra se hizo carne 1:1 Al principio existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. 1:2 Al principio estaba junto a Dios. 1:3 Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe. 1:4 En ella estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. 1:5 La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la recibieron. 1:6 Apareció un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. 1:7 Vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. 1:8 Él no era la luz, sino el testigo de la luz. 1:9 La Palabra era la luz verdadera que, al venir a este mundo, ilumina a todo hombre. 1:10 Ella estaba en el mundo, y el mundo fue hecho por medio de ella, y el mundo no la conoció. 1:11 Vino a los suyos, y los suyos no la recibieron. 1:12 Pero a todos los que la recibieron, a los que creen en su Nombre, les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios. 1:13 Ellos no nacieron de la sangre, ni por obra de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino que fueron engendrados por Dios. 1:14 Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Y nosotros hemos visto su gloria, la gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad. 1:15 Juan da testimonio de él, al declarar: "Este es aquel del que yo dije: El que viene después de mí me ha precedido, porque existía antes que yo". 1:16 De su plenitud, todos nosotros hemos participado y hemos recibido gracia sobre gracia: 1:17 porque la Ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo. 1:18 Nadie ha visto jamás a Dios; el que lo ha revelado es el Hijo único, que es Dios y está en el seno del Padre.


Jesús - Yeshúa HaMasiaj, como le nombran los judíos mesiánicos- representa la energía más alta de nuestro Sistema. Él fue el Mesías del Pueblo de Israel y así lo predicó, o lo dijeron de Él. Quedaba mucho, todavía, para la evolución global. El mundo era, todavía, primitivo y elemental. Las grandes masas de población no sabían, siquiera, leer ni escribir, ni expresarse con la capacidad que se desarrolla en niveles superiores de evolución, como está ocurriendo en el mundo actual donde ya la mayoría de la población tiene acceso a los Estudios Superiores. Pero entonces no era igual. Ya estaba previsto lo que iba a pasar, que los grandes rabinos del Templo le consideraron un loco más, como tantos había en esas épocas que, con base en la kabalá, se autoproclamaron, en muchos siglos distintos, Mesiás del pueblo judío o chamanes de la humanidad.





Lo cierto es que Jesús aportó algo especial, que no hicieron los demás: Jesús fue el primero en declarar que el primer mandamiento de la humanidad es el amor al prójimo, y lo califica, sin titubear, como el mandamiento esencial de nuestra creación - conclusión a la que ha llegado también la kabalá actual, después de siglos de estudios y de extravíos -. Y esto, cuando la mayoría de los kabalistas de su época, y no hablemos de los judíos sin más, andaban perdidos en los Tefilin y en el cumplimiento de rituales sinsentido, heredados de la época de Aarón, el Sumo Sacerdote hermano de Moisés que había vivido 15/13 siglos atrás.


Y, segundo por que, por el momento, ha sido el primer kabalista que ha conseguido resucitar, y lo cierto es que aunque la kabalá actual no cree en la resurrección de los cuerpos, sino en la vida del alma más allá del cuerpo físico que se elimina tras la muerte física, también es verdad que los relatos kabalísticos que hablan de Biná hablan de un mundo - que vendrá - donde lo corporal y lo espiritual podrán convivir en una unidad esencial, el cuerpo glorioso del que habla el cristianismo que adquirió Jesús después de resucitar, y no sólo un alma espiritual, sin conexión con un cuerpo en particular y esperando a reencarnar.


Dejando a un lado estas discusiones teológicas, de sí Yeshuá fue, o no, el Mesías de la Humanidad, lo que cada uno tendrá que resolver desde su convicción particular, lo cierto es que, conforme a estos niveles arriba descritos, Moisés clasificó a la población judía, también, en 4 grandes grupos, según el grado de capacidad de comprensión de los Libros sagrados. No todos conocían los grandes secretos: sólo un pequeño grupo de elegidos, los nistarim (ocultos) podían acceder al nivel más elevado. Estos eran los kabalistas. Sólo ellos tenían acceso al Sod (Secreto). Pero todos los judíos conocían la Torá, aunque fuera en sus niveles más básicos.


El sistema no funcionó mucho tiempo, pero fue la base de la que partió Moisés recién recibida la Torá. Así que parece que tal decisión debió acomodarse a los mandatos divinos recibidos en el Monte Sinaí. La kabalá, de hecho, conserva esta misma idea de los distintos niveles de comprensión de la Torá.


Por lo que respecta al Sod o Secreto, estos conocimientos especiales se transmitían, al principio, vía oral de unos iniciados a otros, generación tras generación. Por eso llamaba Jesús a Juan "mi discípulo amado"; porque sólo con él podía hablar de los grandes secretos de la humanidad. Más tarde, estos secretos que hasta entonces, solo se recibían por enseñanzas directas de Maestro a alumno, se empezaron a recoger también por escrito, para beneficio de la humanidad. Pero el acceso al mismo seguía, igualmente, reservado a ese círculo de sabios o kabalistas que se dedicaban a estudiarlo y a desarrollarlo, a la vez de conservarlo intacto.


Al nivel de la kabalá ni siquiera llegan muchos rabinos judíos de la actualidad, pues la formación impartida en las Escuelas rabínicas se centra en el Talmud más que en la kabalá, cuyo estudio, hasta los tiempos recientes, sólo podía comenzarse al cumplir los 40 años. Sólo los rabinos que, además de rabinos, son grandes estudiosos, se adentran también en los mayores misterios. Estos son los mekubalim o kabbalistas, los estudiosos de la kabalá. Jesús fue uno de ellos. El más alto, en mi estado actual de conocimiento, y el de nivel superior si aplicamos las reglas de la Kabalá, ya que procede de Keter y no de Biná - dónde se sitúa el pueblo judío o de Israel y cualquier persona que comience a captar el mundo superior.


Pero sólo tu grado de conocimiento actual te permitirá captar a Yeshuá como Mesías o no. Eso ya, según la percepción de cada cual. No todos estamos en el mismos nivel espiritual. A eso venimos, a mejorarnos, a crecer más. Y a que, cuando nos toque dejar el planeta otra vez, eso es, tengamos que morir de nuevo, seamos menos necios de lo que éramos cuando llegamos, más sutiles, menos animales. Más espirituales. Porque Dios pertenece al mundo Espiritual, y es allí a donde deberemos regresar, después de pasar por cien vidas o mil en este parque temático que es el planeta Tierra, al que venimos a colaborar en el desarrollo de la humanidad. Cada uno en lo suyo y aceptando el papel que Dios nos da.

 

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