No hay nada más que Él

"Está escrito: “No hay nada más que Él”. Esto significa que no existe ningún otro poder en el mundo capaz de oponerse al Creador. Y la razón por la cual uno ve que en el mundo hay cosas y poderes que niegan Su Poder Absoluto, se debe a que el Creador así lo desea." Baal HaSulam, Shamati (he escuchado).

Así comienza "Shamati", los escritos de Rabash que recogen las palabras escuchadas de su padre, el gran cabalista Baal HaSulam y que, después de escuchar, su hijo anotaba de forma precisa. Dichos escritos fueron entregados por Rabash en su lecho de muerte a su alumno predilecto, Michael Laitman que, además, los ordenó para su publicación como libro (arriba el enlace).


Hoy dedico el post al primero de sus capítulos que, con el título "No hay nada más que Él", sienta uno de los principios esenciales para la comprensión de la cabalá. Podéis leerlo completo en el enlace anterior. No es de fácil comprensión para el no iniciado, recojo aquí un extracto de su contenido.


El tal capítulo, precisamente, empieza con el párrafo que, en cita literal, inicia este artículo. Así que, como explica Baal HaSulam, debemos partir de la base, para la comprensión del funcionamiento del mundo, de que"no existe ningún otro poder en el mundo capaz de oponerse al Creador."


Esta afirmación tan rotunda trae varias consecuencias importantes, bastante distintas a la corriente de pensamiento imperante en la actualidad que hace responsable al ser humano de todo lo que sucede en el mundo o, en el caso de los creyentes, que atribuyen lo bueno a Dios y lo malo al diablo, al hado, al destino o a la mala suerte.


Pues bien, la verdad es que todo lo que sucede, todo lo que nos pasa, todos nuestros triunfos y nuestras desgracias, todo, es llevado a cabo por el Creador, tanto lo bueno como lo que percibimos como malo (que, en realidad, siempre es para nuestro mayor bien). Porque Él tiene el Poder Absoluto. Aunque, a veces, no lo pareciera:

Y la razón por la cual uno ve que en el mundo hay cosas y poderes que niegan Su Poder Absoluto, se debe a que el Creador así lo desea.

Así que no pensemos que hay alguna fuerza maléfica impidiéndonos hacer las cosas. No existe tal cosa como la fuerza de la Sitra Ajra (del otro lado, del lado opuesto). Todo lo que sucede, todo lo que nos pasa, es llevado a cabo por el Creador. Porque no existe otra autoridad, salvo la Suya, que nos pueda causar beneficio o daño alguno. De hecho, aquel que sostiene la existencia de otra fuerza en el mundo, aparte del Creador, se encuentra en un estado de “servir a otros dioses” (Baal Shem Tov) y, por tanto, cometiendo un pecado.


Pero hay otra consecuencia, aún más profunda, que se deriva de esta proclamación general de Su Poder Absoluto y es que afecta, también, a la creencia generalizada en el libre albedrío del ser humano. El que más y el que menos nos consideramos, por lo general, responsables de nuestras decisiones vitales y, aunque podamos equivocarnos - lo que sólo percibimos en retrospectiva - vivimos en la conciencia generalizada de que somos dueños de nuestras propias vidas, en mayor o menor medida. Aunque siempre hay sucesos y acontecimientos que nos sorprenden a todos y que escapan, por completo, de nuestro control.


La verdad es que el ser humano no es dueño de su propia autoridad y que, en cabalá, se considera hereje a aquel que piensa que es él quien decide cada día y el que forja su camino y su trayectoria vital. Porque lo único cierto es que sólo el Creador dirige el mundo.


Eso no significa que no debamos arrepentirnos de nuestros malos comportamientos o transgresiones, de cualquier tipo, que cometamos contra el principio general del "Ama al prójimo como a tí mismo" - otro baluarte esencial de esta sabiduría -. Al contrario, debemos arrepentirnos y lamentarnos por haberlos cometido. Y sufrir por ello. Pero lo esencial es que nos preguntemos: ¿cual es la causa de ese pecado?. Porque es ese aspecto concreto el que precisa una corrección específica. Que Dios está esperando, por cierto.


Nuestros deseos, nuestros anhelos, también vienen de mano del Creador. Y, a veces, nos da deseos oscuros para que tratemos con ellos. Lo que puede llevarnos un tiempo y muchas vivencias, además de unas cuantas desgracias y/o profundos descensos. El objetivo final siempre es el mismo: que esos deseos impuros sean corregidos. Y para eso debemos pedirle ayuda a Dios porque un ser humano, con su sola fuerza de voluntad y su trabajo encarnizado, no consigue terminar nunca nada por sí mismo. Siempre se precisa la ayuda de Dios para rematar las cosas, también para corregirnos a nosotros mismos. En palabras de los sabios, en el capítulo que estamos comentando:

Esto significa que en el mundo existen cosas que, desde un principio, han tenido como finalidad desviar al hombre del camino correcto, y por medio de las cuales es rechazado de la Kedushá (Santidad).
Y el beneficio de estos rechazos es que, por medio de ellos, la persona recibe una necesidad y un deseo completo de que el Creador le ayude, puesto que ve que de otra manera estaría perdida ya que no sólo no progresa en su trabajo, sino que ve que retrocede (...)
Entonces, finalmente determina que nadie puede ayudarle sino el Mismo Creador. Esto le lleva a realizar una sincera demanda de corazón al Creador para que le abra los ojos y el corazón y, ciertamente, le acerque más a la eterna adhesión con Dios. De esto se deduce que todos los rechazos que había experimentado, provenían del Creador. (...) Y solamente si uno posee un deseo sincero, recibirá ayuda desde Arriba.

Porque Dios nos muestra, constantemente, todo lo que nos falta en nuestro estado presente, nuestras carencias, esos deseos que no podemos realizar, por el momento, nuestros anhelos. Nos hace sentir mal para que nos sintamos lejos de Él, abandonado de Su mano. ¿El objetivo? Que nos acerquemos a Él para pedirle ayuda. Que nos acerquemos a Dios.


También pasamos por momentos buenos, en esos en que todo va bien y nos sentimos amos del mundo y de nuestra vida. Momentos en que sentimos que hemos sido favorecidos por el Creador, que nos ha acercado más a Él. En estas situaciones, no debemos relajarnos y pensar que hemos sido nosotros los que hemos alcanzando el éxito con nuestras propias fuerzas; nadie actúa aparte del Creador.


En realidad, que Dios nos favorezca o no, no depende de nosotros, sino sólo del Creador. Con nuestra mente externa, no podemos comprender por qué razón Él nos favorece, a veces sí, y a veces no.


El camino no es sencillo, desde luego, porque a veces se puede recibir un despertar desde Arriba que te revive momentáneamente. Pero, enseguida, vuelves a caer a lo más bajo y te sientes, de nuevo, muy, muy lejos. Pero este camino de ascensos y descensos, de separaciones y acercamientos, es el que paulatinamente nos lleva a descubrir que sólo Dios puede ayudarnos realmente. El objetivo: acercarnos más a Él. El método para alcanzarlo es el estudio de la cabalá. Y su práctica. "Ve y estudia" (Rav Akiva). "Ven y ve". En hebreo Boré, Ese es el Creador.









 

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