¿Qué es la Kabalá?

"Las posibilidades de un individuo para transcender

por sí mismo los límites de este mundo son nulas.

Es por eso que nos fue entregada la Torá

y lo que constituye su parte más eficaz: la kabbalah.”

Rav. Dr. Michael Laitman





La Kabalá hebrea es la ciencia mística del judaísmo, la sabiduría que busca desvelar los Secretos del Cielo que se encuentran encerrados en la Torá, entregada al pueblo de Israel a través de Moisés (en hebreo Moshé (מֹשֶׁה)), según relatan los textos bíblicos.


Por eso se dice de la kabalá que es el “saber recibido”, dado que procede de fuentes no humanas. No es tanto que Dios haya bajado a la Tierra para entregárnoslo, como que ha habido algunos seres humanos que, desde el inicio de los tiempos, han sido capaces de alzarse hasta los mundos superiores para alcanzarlo.


El primer hombre creado por Dios, Adam (en hebreo, אָדָם‎) - que no fue el primer homínido como a veces se ha entendido - tuvo acceso pleno a estos conocimientos. De hecho la kabalá dice que él podía ver el Universo de un extremo a otro. Sin embargo, después, la humanidad se perdió en siglos de oscuridad y, a pesar de que la magia y el conocimiento de los astros nunca se pedieron en ciertas élites sociales del creciente fértil, la kabalá como tal, entendiendo por kabalá el conocimiento de los mundos superiores, no volvió a resurgir hasta Abraham (en hebreo: אַבְרָהָם, Avraham), el primer Patriarca hebreo, además de consumado astrólogo.






Fue Abraham el primer ser humano que concibió la idea de un Dios Uno, y de hecho, de él descienden las 3 grandes religiones monoteístas que existen en el planeta: judaísmo, cristianismo e islamismo. Él es el padre de los pueblos semitas, lo que incluye tanto a los judíos - descendientes de su hijo Isaac (en hebreo יִצְחָק [Yitzhak]), habido con su esposa Sara - como a los árabes - descendientes de Ismael (en hebreo, יִשְׁמָעֵאל‎ [Yišmāʻēl]), hijo habido con Agar, su esclava egipcia.


Los Patriarcas hebreos y muchos otros kabalistas después, mantuvieron esas prácticas para elevarse a los mundos superiores y entrar en contacto con los seres que allí habitan. Cuanto más se asciende, mayor es la calidad de los seres que encuentras. Algunos, unos pocos - los más formados - han conseguido ascender y ver al propio Dios “cara a cara” (Moisés uno de ellos). Estos son los del nivel más alto y es obvio que han sido muy pocos los humanos que han alcanzado, hasta este momento, ese inmenso privilegio.


El objetivo de esta elevación que buscan los kabalistas - y que se consigue a través de las meditaciones y del estudio - es poder, una vez arriba, compartir y participar de la inmensa sabiduría de estos seres celestiales que residen en los mundos de Arriba.


Moisés, el Gran Patriarca, conocedor de la magia por su procedencia egipcia, asimila también el conocimiento de la kabalá cuando regresa a sus raíces judías y la lleva a su máxima expresión en la multitud de episodios milagrosos que relata la Biblia y que culminan con la apertura de las aguas del Mar de los Juncos y la posterior recepción de la Torá en el monte Sinaí.





No es que Dios bajara hasta aquí para darnos las Tablas; fue Moisés el que, al ascender a los mundos superiores, pudo bajar este conocimiento sagrado a la Tierra. Como explica Rav Laitman, “Es a través de esa elevación que se recibió la Torá, tanto la escrita como la verbal.”


La Torá, en concreto, nos indica como llegar a los mundos espirituales. Y nos dice que debemos hacerlo siguiendo las pautas y normas que en ella se indican. Pero lo importante no son las historias que relatan los textos literales; lo importante son los secretos que se esconden tras las letras hebreas en que fue grabada la Torá plena. Porque este saber kabalístico está oculto al observador normal, al lector común de la Biblia que se limita a leer su letra y no va más allá.


¿Por qué es necesario estudiar kabalá si queremos conocer los mundos superiores? Porque los mundos superiores son de naturaleza espiritual y nuestros sentidos no pueden captarlos. Solo a través de las técnicas kabalísticas volvemos a percibir estos mundos espirituales y recordamos lo que somos allí, de donde procedemos, más allá de los Cielos.


Porque el ser humano ha sido creado con grandes poderes. El problema es que el hombre común, no iniciado (esto es, el 95% de los habitantes de este planeta) ni sabe cuales son esos poderes, ni sabe - por supuesto - manejarlos. Sólo el estudio, conocimiento y práctica de la kabalá permite desarrollarlos.


Aunque quede claro que la adquisición de poderes extrasensoriales que la kabalá confiere en los altos niveles, siempre debe ser concedida desde Arriba, esto es, depende única y exclusivamente de la Voluntad de Dios, la cual se simboliza en la Columna Central del Arbol de la Vida, símbolo mater de la kabalá judía y plano holográmico del Universo y de todo lo creado.


El objetivo del estudio de la kabalá, sin embargo, no debe ser la adquisición de esos poderes mágicos de los que nos hablan algunos esotéricos, sino la comprensión del mundo que habitamos y la ampliación de nuestra conciencia. Porque es evidente que el estudio de la kabalá produce, sin duda, una paulatina y progresiva apertura de la conciencia del que se introduce en ella.


Esta apertura progresiva de la conciencia se va produciendo a medida que, gracias a la kabalá, vamos ascendiendo por la Escalera espiritual y sutilizando nuestra alma. Nuestros gustos cambian, comenzamos a ver las cosas de forma distinta a como las habíamos visto hasta ese momento, maduramos, entendemos el mundo de modo diferente y, según se completa el ascenso, vamos sufriendo un cambio completo en nuestra escala de valores previa.


Al cambiar nuestros valores, vamos también cambiando nuestra forma de vida sin apenas darnos cuenta hasta que, cuando tomamos conciencia de los cambios, ya hemos dejado de ser lo que éramos antes, nos hemos convertido en una persona nueva, hemos vuelto a nacer. Dejamos atrás el ser que fuimos antes de conocer lo invisible y nos convertimos en una nueva persona “iluminada”. Con una nueva concepción de la vida y del mundo. Con una nueva relación con Dios.


En resumen, la kabalá es la sabiduría que nos lleva al descubrimiento de nuevos estados de conciencia que se alcanzan al subir a los reinos superiores. A través de ella, aprendemos que la clave de la felicidad en nuestra vida está en nuestra capacidad de sacar la parte positiva de lo que estamos experimentando, incluso cuando las circunstancias externas son adversas.

Además de conocernos a nosotros mismos la kabalá nos permite, también, conocer cual fue el plan de Dios cuando creó el mundo y la Tierra. Y qué papel juega el ser humano en el proceso creativo que, por cierto, es relevante.


Pero lo más importante es que, gracias a este conocimiento y a la conexión espiritual que, con su estudio y su práctica se consigue, además de aprender sobre estas materias, conseguimos la serenidad de saber que controlamos nuestra vida y que estamos cumpliendo el plan para el que fuimos creados.


En todo caso, lo cierto es que, después de un tiempo de práctica, son bastantes perceptibles los cambios en uno mismo y en nuestro entorno. Y todo aquel que lo ha experimentado lo ha comprobado.

 

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