Sefirá 3 Biná (Entendimiento)


Sefirá 3 Biná - El Entendimiento

Dejamos el agua – el mundo de la onda - atrás, por el momento, y crucemos a la columna opuesta, la columna izquierda del Árbol de la Vida, donde se fragua el mundo de la partícula.


Allí está la Sefirá 3 Biná (Entendimiento) o, como dice elSefer Yetzirá, “el Fuego del Agua”; en simil de Rav. Kaplan, el rayo en la tormenta. Así está escrito en Salmos 29:8: “La Voz de Dios (Sefirá 2 Jocmá) esculpe llamas de fuego (Sefirá 3 Biná)”.


De este Elemento 3 Fuego - que procede de la letra 21 Shin de la que hablamos en post previo - se forma la columna izquierda del árbol de la Vida, columna que encabeza esta sefirá 3 Biná. En ella se inicia el universo de la partícula, comienza el mundo de las formas.


Aunque la sefirá 3 Biná está hecha de Fuego, elemento que forma la columna izquierda del Árbol de la Vida, esta sefirá no es el Fuego en sí mismo, sino “el Entendimiento”, y éste es el atributo de la letra 5 Hé, de la que hablamos aquí, letra que representa a esta sefirá 3 Biná de forma especifica.


La sefirá 3 Biná, como antítesis de la Sabiduría que se aloja en la sefira 2 Jocmá, es el pensamiento verbal que introduce el principio de la diferenciación que aún no existía en la sefirá previa.


En este nivel de la sefirá 3 Biná ya existen las ideas separadas, ideas que pueden ser escudriñadas y comprendidas y que conforman al proceso de racionamiento mental. Son las cavilaciones habituales que ocupan nuestra mente. En el ser humano, esta sefirá se capta con el Hemisferio cerebral izquierdo. Es el Intelecto pasivo, el pensamiento reflexivo o entendimiento.


Según explica el Sefer Yetzirá, la Sefirá 3 Biná - el Entendimiento - es el nivel que precede a la acción y con el que comienza la creación. Porque Dios creó el mundo con 10 dichos, lo que presupone el Entendimiento, ya que lo que se verbaliza implica un pensamiento previo.


Si la Sefirá 1 Keter es el Verbo, la sefirá 2 Jocmá es la Voz, la Sefirá 3 Biná es ya el Discurso o la Palabra.


Las 3 primeras sefirot: Keter- Jocmá y Biná

Así que el Agua es la Voz interna, todavía no expresada, el impulso de expresar sonidos. Mientras que el Fuego es el Discurso montado en la mente, pero todavía no exteriorizado. Es la Palabra no pronunciada porque, cuando hablamos, ya bajamos a la sefirá 10 Maljut. En la sefirá 3 Biná estamos todavía en el mundo del pensamiento.


El concepto de separación que se origina en esta sefirá 3 Biná era completamente necesario para la formación de nuestro universo pues, si no fuera por ella, todo estaría concentrado en un único punto, todos seríamos uno.


La información captada en la sefirá 2 Jocmá en forma de meras imágenes o símbolos - las letras - sólo puede empezar a ser descrita mentalmente cuando dichas letras se unen para formar palabras. Porque aunque las letras son fuerzas de la creación en sí mismas, solo se entienden cuando se combinan en palabras y frases, cuando se crea el discurso intelectual o mental. Este es el trabajo de la sefirá 3 Bina; en nuestro cuerpo, el hemisferio cerebral izquierdo.

Queremos aclarar, sin embargo, que el estado de conciencia que se precisa para alcanzar esta sefirá 3 Biná no es el razonamiento mental humano al que estamos acostumbrados, ya que el ser humano no iniciado está, dice la Kabalá, en estado de “caos” (Tohu), pasmado o confuso, como consecuencia de la presencia de la Klipá (cáscara), las fuerzas que nos impiden visualizar el dominio espiritual.


La única forma de poder captar el nivel de pensamiento de la sefirá 3 Biná es cerrando los ojos. Porque con los ojos abiertos, lo espiritual queda completamente eclipsado por las imágenes del mundo real. E incluso cerrando los ojos, sin prácticas previas de Kabalá, se percibe siempre un ruido de fondo, lleno de interferencias: es la estática mental.



Sólo a través de prácticas kabalísticas el hombre empieza a manejar este “caos” y comienza a visualizar imágenes palpables. Es entonces cuando el ser humano puede empezar a formar sustancia a partir del caos. Es cuando el ser humano comienza a percibir los mundos superiores. Eso comienza con el despertar espiritual de cada individuo en concreto, cuando la persona se abre a nuevos niveles de conciencia.

 

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