Sobre la historicidad de los relatos bíblicos



A pesar de que la idea más extendida hoy en día entre la población mundial es que la Biblia no tiene realidad histórica, debemos recordar que nunca se dudó de la autenticidad y realidad histórica de los relatos de la Biblia, o de la propia existencia de los patriarcas hebreos, de Jesús o sus Apóstoles, hasta comienzos del siglo XVIII. Hasta ese momento se aceptaba de forma general el valor histórico de la Biblia.

No es trascendental, para la kabalá, si los relatos son verdaderos o no, ya que la enseñanza que transmite no se deduce de una simple lectura de las historias. Sin embargo, es interesante conocer qué opinan los historiadores expertos en historia bíblica.


Fue el racionalismo cartesiano llevado a la historia el que introduce la idea, extendida por siglos, de que no habría confirmación extra-bíblica de ninguno de los sucedidos y personajes que en la Biblia se mencionan, de forma que podrían ser todos ellos ficticios, tanto los personajes como los sucedidos relatados.


De hecho, en esta línea académica, afirma wikipedia al respecto en su link sobre este tema:


"A mediados del siglo XX, era común entre los académicos sostener que en las narraciones sobre los Patriarcas había un fondo histórico. A partir de la obra de Thomas L. Thompson y de John Van Seters, se puede considerar como probado que no existe evidencia sobre la historicidad de José, así como de los demás Patriarcas y que se trata de caracteres derivados de leyendas y relatos populares pertenecientes al primer milenio antes de la Era Cristiana. A principios del siglo XXI, hay consenso entre los arqueólogos y eruditos bíblicos de que no es posible encontrar un contexto histórico para las figuras de los Patriarcas, incluso de José (...)."


Sin embargo, esta no es la opinión de otros eruditos. Citando de nuevo a Dr. Alan R Millard, del que hablamos en el post previo, él considera que hay cientos de ejemplos de información arqueológica que apoyan el llamado “Registro Bíblico”, esto es, el conjunto de sucedidos que ella relata y que confirma que su narrativa es esencialmente fidedigna. Y que ha sido, precisamente, la generalización de las excavaciones arqueológicas, la que está confirmando, con cada nuevo descubrimiento, la historicidad esencial de sus relatos.


La referencia extra-bíblica más antigua al pueblo de Israel se encuentra en la Estela de Merenptah (1.208 a.C), faraón que sucede a Ramsés II y según una buena parte de los historiadores, el faraón bajo cuyo reinado se produjo el episodio del Éxodo, aunque esto es cuestión controvertida, ya que otros lo sitúan 200 años antes, según el cómputo bíblico. En todo caso, en esta Estela egipcia se hace referencia, por primera vez, al pueblo de Israel en fuentes no bíblicas.


Otra fuente, en este caso asiria, el Obelisco Negro que data del año 841 a.C. se refiere a la victoria de Salmanasar III sobre de la Casa de Omri (monarquía norteña o Reino de Israel), lo que ocurre después de la destrucción del Primer Templo de Jerusalén, tras el fallecimiento de Salomón, hijo de David, su real diseñador.




También existían referencias a sucesos bíblicos en algunos historiadores antiguos, el más importante Flavio Josefo, que se refiere en diversas ocasiones a los judíos, a Jesús y a los Cristianos y a otros muchos hechos que se relatan en los escritos bíblicos.


E incluso la propia existencia de Nazareth en la época de Jesús que tanto se ha discutido por los historiadores por la falta de mención de esta población en los textos romanos administrativos, ha sido finalmente avalada por las excavaciones arqueológicas que acreditan la existencia de una pequeña aldea o población de unas 400 viviendas, conocida con este nombre en la época en que se supone residieron allí Jesús y su familia.


En todo caso, para la kabalá no es importante si la historia confirma o no el relato bíblico de sucedidos, porque en realidad, los que cuenta la Biblia no es significativo por la historia del pueblo judío. La Torá es mucho más que eso. Es un código que hay que desvelar, y su significado oculto no se puede extraer de una simple lectura histórica de sus capítulos.


En su versión oculta, la que estudia la kabalá, la Torá encierra la Sabiduría Universal que sostiene nuestro Universo. Cada letra hebrea del texto aporta todo un mundo de significados. Por eso, es mucho más importante saber que los escritos que han llegado a nosotros son los auténticos, y no han sufrido alteraciones importantes en lo significativo, que conocer si realmente todos aquellos personajes existieron realmente y vivieron tal y como se explica en sus páginas. Porque la Torá no es de este mundo, según la kabalá. No obstante, no está de más saber que, además, esos personajes existieron en verdad con casi toda probabilidad.

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